En medio de la que nos está cayendo, el arte pictórico se monta en el universo. Nunca mejor dicho. Este cuadro del barcelonés Joan Miró, según él clave para entender toda su obra, será subastado en julio próximo en la Sotheby londinense partiendo de la cifra astronómica de 20 millones de euros. La crisis económica nada tiene que ver con las grandes obras de la historia universal de la pintura, que no sólo son eternas, sino que su exquisita eternidad va subiendo de precio cada día que pasa. El cuadro, ¡qué duda cabe!, es una esperanza azul donde la espiral de la blanca ilusión asciende hacia la intangible estrella de la perfección, salvando la barrera, apenas perceptible de las limitaciones. La pregunta es: ¿Quién sugiere los baremos de la calidad en la obra de arte (aprovecho la ocasión para extenderla a la literatura) y, mucho menos, de la perfección?
miércoles, 20 de junio de 2012
Un cuadro de Miró
En medio de la que nos está cayendo, el arte pictórico se monta en el universo. Nunca mejor dicho. Este cuadro del barcelonés Joan Miró, según él clave para entender toda su obra, será subastado en julio próximo en la Sotheby londinense partiendo de la cifra astronómica de 20 millones de euros. La crisis económica nada tiene que ver con las grandes obras de la historia universal de la pintura, que no sólo son eternas, sino que su exquisita eternidad va subiendo de precio cada día que pasa. El cuadro, ¡qué duda cabe!, es una esperanza azul donde la espiral de la blanca ilusión asciende hacia la intangible estrella de la perfección, salvando la barrera, apenas perceptible de las limitaciones. La pregunta es: ¿Quién sugiere los baremos de la calidad en la obra de arte (aprovecho la ocasión para extenderla a la literatura) y, mucho menos, de la perfección?
jueves, 14 de junio de 2012
Ilustraciones de El cuaderno de Sísifo
Hace cuatro años presenté mi poemario El cuaderno de Sísifo en el Ateneo de Barcelona bien rodeado de amigos y compañeros de letras y aventuras poéticas. Pasado un tiempo se me ocurrió crear unas cuantas ilustraciones a la aguada a partir de otros tantos poemas del libro mencionado. Hoy presento en este blog algunas de ellas, acompañadas de un brevísimo comentario.
El Arco de doña Urraca, lugar de encuentro entre el pasado y el presente.
Por él pasa aún mi adolescencia... en sueños.
El Arco de doña Urraca, lugar de encuentro entre el pasado y el presente.
Por él pasa aún mi adolescencia... en sueños.
La Taula de Trepucó,
un altar de piedra que a los dioses levantaron los antiguos pobladores de Menorca.
El mirlo que en un jardín de Gandía llamó mi atención más de la cuenta.
Los campos de mi tierra, cuerpo y alma de mi memoria.
martes, 29 de mayo de 2012
TU PRESENCIA
Yo llegaba a tiempo siempre entonces
A tus huellas de vidrio y de ternura.
El barrio estaba en paz
Y el camino de mi vida quieto
Y vivo a la vez como aquel río
Que reflejaba el brillo de mi infancia.
Y el brillo me lo daba tu presencia
Oculta entre las cosas de la vida,
Dios humilde como los cantos lisos
Que mi infalible tirador lanzaba
Más allá de la pluma y el destino
De los pájaros, Dios
Humilde y libre como los viejos sauces,
Como el balón que entre los pies cerraba
Solemnemente el libro de las tardes,
Como las dulces noches
Que después se abatían como copos
De amor y de silencio sobre mí.
Y eras tú la caricia,
Tú el callado murmullo.
Y yo seguía aprendiendo
Tu eternidad diaria en las almedras
Que crecían en leche y en azúcar
Para morir de gusto entre mis manos,
En el rayo de luz que en el desván
Convertía en oro el polvo de las cosas.
Y te aprendí tranquilo
Sin religión ni pruebas,
Como aprendí a la vez el sitio de la casa,
El escalón sonoro
O la sonrisa dulce de la madre.
viernes, 18 de mayo de 2012
Fervor de mayo
MAYO: FERVOR DE FORMAS Y COLORES
Mayo: fervor de formas y colores
que en el bosque celebran la llegada
de la fiel y reidora primavera
a caminos, taludes y hondonadas,
la niña primavera que se adorna
con joyeles de luz y de esperanza.
Y mayo sabe cómo embellecerla,
cómo bordar los bajos de sus faldas,
llenar sus tiernos dedos de sortijas,
adornar su cabello de guirnaldas.
¡Qué bello matrimonio formarían
si mayo, pasional, aún esperara
un poco a que la niña primavera
pasara de doncella a bella dama!
El bosque es el edén para que pueda
extender ese amor sus bellas alas.
miércoles, 2 de mayo de 2012
CEMENTERIO DE LA OROTAVA
Cuando sople aquí el viento,
todo el cementerio olerá a romero.
Entre las tumbas pasa
sus horas el domingo de paseo.
La gente habla entre sí
mientras riega las flores de sus muertos.
Y los nichos parecen
patios andaluces por sus tiestos.
Sobre las cruces,
entre tules de cielo,
asoma su presencia el dios del fuego,
el Teide paternal que ampara
la paz del cementerio.
Paz cotidiana
que une a vivos y a muertos
mientras huele a romero
infatigable el viento.
Paz cotidiana
que une a vivos y a muertos
mientras huele a romero
infatigable el viento.
viernes, 27 de abril de 2012
EL ÚLTIMO OTOÑO DE BÉCQUER
Allí, delante de mí había
unas cuantas octavillas más, grapadas y tituladas todas El último otoño de Bécquer. En la primera octavilla figuraban los
autores y las obras de la biblioteca de doña Manuela Monnehay, madrina del
poeta, biblioteca que, a partir de 1847, año en que perdió a su madre y fue recogido
por aquella, frecuentó asiduamente:
.-Chateaubriand: El genio del cristianismo, Memorias
de ultratumba.
.-Hoffmann: Relatos fantásticos
.-Lord Byron: El peregrinaje de Childe Harold, Melodías hebreas.
.- Alfred de Musset: Las noches, Lorenzaccio
.-Víctor Hugo: Nuestra Señora de París, Las
Orientales, Las hojas del otoño, Los
cantos del crepúsculo.
.-Espronceda: Poesías, El estudiante de Salamanca.
.-Lamartine: Meditaciones, Armonías poéticas y religiosas
Etcétera
En otra octavilla se
especificaba dónde había conocido Bécquer a sus amigos.
.- A Narciso Campillo en el Colegio de San
Telmo de Sevilla en 1846. Dice el propio poeta que "con él escribí (con
diez años yo y él con once) un espantable y disparatado drama: Los conjurados,
que nuestros maestros hicieron representar en el Colegio."
.- A Julio Nombela, también en Sevilla, algo
más tarde (concretamente en 1853) "con motivo de publicarme un poema el
periódico local La Aurora, cuyo director, José Luis Nogués, me lo presentó.
Durante aquel año y el siguiente los tres empezamos a planear nuestra marcha a
Madrid en busca de la gloria literaria. Todas las noches nos reuníamos en la
buhardilla de Campillo para leernos lo que habíamos escrito durante el día; e
íbamos guardando en una arqueta de madera los poemas que se aprobaban por
unanimidad."
En realidad, yo había ido
poniendo esas comillas a lo que yo creía que iban a ser en mi relato las
palabras de Bécquer. De hecho, ya había concebido en mi mente parte de la
historia, la cual, se iba a llamar precisamente El último otoño de Bécquer. En virtud de ello, en otra octavilla de
aquellas yo había ensayado el principio de la narración del siguiente modo:
"Bécquer sabía que aquél iba a ser su último otoño, cuando
durante unos cuantos días dio en recordar, no sabía cómo, aquel otro otoño, el
primero, que vino a Madrid, cuando, dejando su natural Sevilla, se trasladó a
la capital de España en busca de la gloria.
Cuando Bécquer llegó a Madrid, era otoño. Hojas muertas caían de
los árboles como sus años, como sus ilusiones. En cuarto otoñal de la calle de
Hortaleza el poeta descansa. Seis reales diarios le cuesta este silencio de
miseria, esta luz hipotecada, este cubo de cinc para lavar sus sueños. Madrid,
como cualquier otro lugar, era una montaña lírica inexpugnable. Las Rimas, como
rocas de Sísifo, rodarían impotentes lágrimas abajo. No encontró un cadáver
ilustre, como Zorrilla, para cantarle versos de campanas. Su corazón de niebla
soñó inútilmente entre los pulmones deshechos por la tisis. El dolorido sentir
de su romanticismo, sus Ofelias perdidas y sus sepultureros quedaron sin papel
junto a la orilla de frágiles proyectos, junto a claustros húmedos y entre
melladas dentaduras de castillos. En otras ciudades, como Soria o Toledo,
perseguirá la gloria de igual modo, la gloria que devendrá rayo de luna o mano
etérea pulsando los misterios de una ojiva. Sólo la paz de una estatua yacente,
a la luz indecisa de una bóveda, le acercó sin miedo hasta el umbral de la
querida muerte. La vida de Bécquer siempre fue una vida rota, una vida de
otoño, como aquel otoño en que llegó a Madrid."
Dos años antes del viaje
a Cataluña nadie habría dado un real por la vida del poeta. La enfermedad
crónica de sus pulmones se le agravó por un virus venéreo que contrajo en una relación
sexual poco clara. Alguna mujer de las Vistillas o Lavapiés que comerciaba con
su cuerpo debió contagiarle una gonorrea tan galopante que a punto estuvo de
llevárselo a la tumba. En los huesos se quedó Gustavo, y él que de por sí
siempre fue delgado y enfermizo, a duras penas salió adelante. Siempre creyó
que sólo la intercesión divina lo había logrado. Por aquel entonces releía
Recuerdos y bellezas de España, del poeta catalán Pablo Piferrer, y había visto
las páginas dedicadas a la Virgen de Montserrat y al agreste paraje donde se
levanta el monasterio dedicado a venerar a la Moreneta. Creyó que igual que
había ejercido su influjo benefactor en otras criaturas humanas, lo había hecho
en su persona librándole de aquellas horribles calenturas que, efecto de tan
vergonzosa enfermedad, a punto estuvieron de acabar con su vida a los 22 años
de edad. Así que, decidió nada más verse de pie y con ganas de vivir, realizar
un viaje a Cataluña para cumplir la promesa que acababa de hacerse a sí mismo
al verse otra vez en el mundo de los vivos. Se lo dijo a unos amigos de Madrid
y de todos ellos, que eran muchos, se apuntaron tres de los más fieles,
Nombela, García Luna y Rodríguez Correa. Ni Campillo ni Ferrán pudieron
acompañarle.
En las dos últimas octavillas
yo había escrito cosas sobre lecturas y óperas favoritas de Bécquer; respecto
de las primeras, cito sólo, por la importancia que tenía para él, el título de
un cuento de Hoffmann que le tenía obsesionado: Las minas de Falún, y respecto de la música que le gustaba más,
había dos óperas por las que sentía verdadera devoción: Lohengrin, de Wágner, y Lucía
de Lammermoor, de Donizetti.
lunes, 9 de abril de 2012
LA CASA DEL ALMA
Siempre late en el alma una casa
que nos sigue nombrando en el tiempo.
Es la casa de infancia, una casa
que es verano sin pausa y eterno.
Ese prístino nido conserva
el color de los bellos recuerdos.
No el fulgor de la luz de la tarde
en la cálida flor de los tiestos
ni el temblor de las pálidas sombras
en las rojas baldosas del suelo.

El color del que hablo es la magia
que la madre tenía en sus dedos.
A su tacto, las cosas pequeñas
se volvían sagradas.
Un gesto
suyo abría una puerta a la calma,
desterraba al olvido los miedos.
Mientras ella vivió con nosotros
no podía ningún mal vencernos.
Siempre atenta, convirtió la casa
de la infancia en un verano eterno.

Sigue aún su color en el alma,
su color de ternura.
Y aún siento
que me llena de luz y de calma
su brillante y tranquilo recuerdo.
que nos sigue nombrando en el tiempo.
Es la casa de infancia, una casa
que es verano sin pausa y eterno.
Ese prístino nido conserva
el color de los bellos recuerdos.
No el fulgor de la luz de la tarde
en la cálida flor de los tiestos
ni el temblor de las pálidas sombras
en las rojas baldosas del suelo.
El color del que hablo es la magia
que la madre tenía en sus dedos.
A su tacto, las cosas pequeñas
se volvían sagradas.
Un gesto
suyo abría una puerta a la calma,
desterraba al olvido los miedos.
Mientras ella vivió con nosotros
no podía ningún mal vencernos.
Siempre atenta, convirtió la casa
de la infancia en un verano eterno.
Sigue aún su color en el alma,
su color de ternura.
Y aún siento
que me llena de luz y de calma
su brillante y tranquilo recuerdo.
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