jueves, 8 de noviembre de 2012

UN EXCELENTE LIBRO DE POESÍA.
ANTE LOS TRES PELDAÑOS, de Encarna Fontanet
 
 
A la amiga y poetisa castellonense Encarna Fontanet la conozo y trato desde aquellas tertulias barcelonesas realizadas en casa del maestro de poetas José Jurado Morales, de tan buena memoria. Hasta hace muy poco fue compañera de premios y jurados, recitales y presentaciones. Yo mismo tuve el honor y privilegio de presentar algunos de sus siempre exquisitos poemarios, Amaranto, En mitad del ahora, Cuando la lluvia quema... y hasta llegué a prologar un libro que Encarna escribió para acercar la poesía a los estudiantes titulado Desde oscuros limos.
Pues bien, ahora me toca hablar del último de sus libros, Ante los tres peldaños, que mereció el premio de Poesía Almedina de 2011 (Encarna Fontanet cuenta en su haber con numerosos galardones y reconocimientos), que la Fundación Al-Aissiya acaba de publicar en una edición torpe y apresurada que desmerece la exquista poesía que contiene. Y como lo que interesa siempre del libro es su contenido a él voy. Por lo que yo he visto, Ante los tres peldaños es sin duda el libro más místico y profundo de la autora. Desde la métrica a los recursos expresivos empleados, pasando por los temas que una y otros visten con una precisión inigualable, todo en el libro es elaborado y de la más alta calidad. No en balde el número de poemas es el mágico 90, múltiple de 3, presente en el titulo del libro, así como el número de los versos que componen dichos poemas, que van desde ese único verso que forma el magistral poema de la página 73: "Hacia Ti, en Ti, recorro mi sendero", hasta los dieciséis de la página 13 del poema que canta su querida tierra de Liendo. Poemas formados por versos de sílabas impares, desde trisílabos a alejandrinos, aunque los más empleados son los heptasílabos y endecasílabos, cuya combinación da lugar a eufónicas composiciones donde las haya y que tan sabiamente emplearon nuestros mejores poetas( Garcilaso, fray Luis de León, san Juan de la Cruz, Bécquer, Antonio Machado y un largo etcétera). Si la métrica es impecable, los recursos estilísticos empleados no le van a la zaga. Desde aliteraciones y juegos fonéticos oportunos ("en el íntimo instante, / el tiempo...") a adjetivaciones  nuevas y valientes ("soles meditarráneos", "cantábricas nubes") , pasando por antítesis muy logradas ("fragor de inconstantes azules / en el azul constante del silencio"), sin olvidar las eficaces elipsis de verbos o construcciones de participio, tan abundantes en la poesía concentrada de Encarna ("perdidas las canciones de mi infancia", "desvanecidas todas las distancias"...), etcétera.
 
 
Ante los tres peldaños es un poemario donde se juntan sabiamente el mundo de lo real y el mundo trascendente. Por un lado, la vida personal de la autora, con sus estados de ánimo, soledad, desaliento, desesperanza, ensimismamiento, melancolía, evocación de la infancia..., y sus relaciones, unas veces con los elementos naturales que la rodean, paisajes, flores, puentes, noches, estaciones, tiempos..., y otras con los seres más queridos, el padre, la madre..., para acabar en la relación más íntima y espiritual con Dios, ese Tú cercano que
"buscamos
sin saber dónde, fuera de nosotros."
Y por otro, el mundo trascendente, que late entre las sombras del camino místico que ha emprendido la autora. ¡Qué bien ha leído la Biblia, el mejor Dante y sobre todo a nuestro más excelso poeta místico san Juan de la Cruz y su Noche oscura del Alma! Estos iluminados versos de Encarna Fontanet la ayudan a subir esa escala oculta, a superar la noche más oscura de la eterna búsqueda de la esencia personal, escala y noche que llevan siempre a la luz más alta. Para atravesar tanta tiniebla se vale del recuerdo y el apoyo de sus seres más queridos, especialmente la madre.
"Tan sólo espero que la noche séptima
de la séptima luna
nos sea favorable.
Mi mano en tu mano de nuevo."
"Volveré a ti,
tan segura en mi noche
tu impalpable presencia
que en el yermo sombrío
serás mi toda luz."
Como Dante, recorre las "inhóspitas cimas" de su solitario y doloroso camino, dejando atrás el orgullo, la envidia, la ira, la avaricia.
Como san Juan, al final de la ardua ascensión, encuentra las dulces azucenas
"que en el último tramo
de amargura candente,
agostarán el lujurioso fuego."
Y ante ella se alzan seguras
"las llamas de la hoguera inextinguible,
llamas de vivo amor, de muerte nunca."
Por todo ello y mucho más que descubrirán los lectores en las páginas del libro, Ante los tres peldaños es un libro sincero y exquisito que contiene los cinco rasgos que, decía Lamartine, debe reunir un perfecto libro de poesía: ideas para la inteligencia, sentimientos para el corazón, imágenes para la vista y música para el oído. 

miércoles, 20 de junio de 2012

Un cuadro de Miró

Miró A subhasta l´´Estel Blau´ per uns 20 milions L'Estel Blau

En medio de la que nos está cayendo, el arte pictórico se monta en el universo. Nunca mejor dicho. Este cuadro del barcelonés Joan Miró, según él clave para entender toda su obra, será subastado en julio próximo en la Sotheby londinense partiendo de la cifra astronómica de 20 millones de euros. La crisis económica nada tiene que ver con las grandes obras de la historia universal de la pintura, que no sólo son eternas, sino que su exquisita eternidad va subiendo de precio cada día que pasa. El cuadro, ¡qué duda cabe!, es una esperanza azul donde la espiral de la blanca ilusión asciende hacia la intangible estrella de la perfección, salvando la barrera, apenas perceptible de las limitaciones. La pregunta es: ¿Quién sugiere los baremos de la calidad en la obra de arte (aprovecho la ocasión para extenderla a la literatura) y, mucho menos, de la perfección?

jueves, 14 de junio de 2012

Ilustraciones de El cuaderno de Sísifo

Hace cuatro años presenté mi poemario El cuaderno de Sísifo en el Ateneo de Barcelona bien rodeado de amigos y compañeros de letras y aventuras poéticas. Pasado un tiempo se me ocurrió crear unas cuantas ilustraciones a la aguada a partir de otros tantos poemas del libro mencionado. Hoy presento en este blog algunas de ellas, acompañadas de un brevísimo comentario.


















El Arco de doña Urraca, lugar de encuentro entre el pasado y el presente.
Por él pasa aún mi adolescencia... en sueños.


La Taula de Trepucó,
un altar de piedra que a los dioses levantaron los antiguos pobladores de Menorca.




El mirlo que en un jardín de Gandía llamó mi atención más de la cuenta.

Los campos de mi tierra, cuerpo y alma de mi memoria.

martes, 29 de mayo de 2012

TU PRESENCIA




Yo llegaba a tiempo siempre entonces

A tus huellas de vidrio y de ternura.

El barrio estaba en paz

Y el camino de mi vida quieto

Y vivo a la vez como aquel río

Que reflejaba el brillo de mi infancia.

Y el brillo me lo daba tu presencia

Oculta entre las cosas de la vida,

Dios humilde como los cantos lisos

Que mi infalible tirador lanzaba

Más allá de la pluma y el destino

De los pájaros, Dios

Humilde y libre como los viejos sauces,

Como el balón que entre los pies cerraba

Solemnemente el libro de las tardes,

Como las dulces noches

Que después se abatían como copos

De amor y de silencio sobre mí.

Y eras tú la caricia,

Tú el callado murmullo.

Y yo seguía aprendiendo

Tu eternidad diaria en las almedras

Que crecían en leche y en azúcar

Para morir de gusto entre mis manos,

En el rayo de luz que en el desván

Convertía en oro el polvo de las cosas.

Y te aprendí tranquilo

Sin religión ni pruebas,

Como aprendí a la vez el sitio de la casa,

El escalón sonoro

O la sonrisa dulce de la madre.

viernes, 18 de mayo de 2012

Fervor de mayo


MAYO: FERVOR DE FORMAS Y COLORES





Mayo: fervor de formas y colores
que en el bosque celebran la llegada
de la fiel y reidora primavera
a caminos, taludes y hondonadas,
la niña primavera que se adorna
con joyeles de luz y de esperanza.

Y mayo sabe cómo embellecerla,
cómo bordar los bajos de sus faldas,
llenar sus tiernos dedos de sortijas,
adornar su cabello de guirnaldas.

¡Qué bello matrimonio formarían
si mayo, pasional, aún esperara
un poco a que la niña primavera
pasara de doncella a bella dama!

El bosque es el edén para que pueda
extender ese amor sus bellas alas.

miércoles, 2 de mayo de 2012

CEMENTERIO DE LA OROTAVA


Cuando sople aquí el viento,
todo el cementerio olerá a romero.


Entre las tumbas pasa
sus horas el domingo de paseo.


La gente habla entre sí
mientras riega las flores de sus muertos.


Y los nichos parecen
patios andaluces por sus tiestos.


Sobre las cruces,
entre tules de cielo,
asoma su presencia el dios del fuego,
el Teide paternal que ampara
la paz del cementerio.

Paz cotidiana
que une a vivos y a muertos
mientras huele a romero
infatigable el viento.



viernes, 27 de abril de 2012

EL ÚLTIMO OTOÑO DE BÉCQUER


Allí, delante de mí había unas cuantas octavillas más, grapadas y tituladas todas El último otoño de Bécquer. En la primera octavilla figuraban los autores y las obras de la biblioteca de doña Manuela Monnehay, madrina del poeta, biblioteca que, a partir de 1847, año en que perdió a su madre y fue recogido por aquella, frecuentó asiduamente:
 .-Chateaubriand: El genio del cristianismo, Memorias de ultratumba.
.-Hoffmann: Relatos fantásticos
.-Lord Byron: El peregrinaje de Childe Harold, Melodías hebreas.
 .- Alfred de Musset: Las noches, Lorenzaccio
 .-Víctor Hugo: Nuestra Señora de París, Las Orientales, Las hojas del otoño,      Los cantos del crepúsculo.
.-Espronceda: Poesías, El estudiante de Salamanca.
.-Lamartine: Meditaciones, Armonías poéticas y religiosas
Etcétera

En otra octavilla se especificaba dónde había conocido Bécquer a sus amigos.
 .- A Narciso Campillo en el Colegio de San Telmo de Sevilla en 1846. Dice el propio poeta que "con él escribí (con diez años yo y él con once) un espantable y disparatado drama: Los conjurados, que nuestros maestros hicieron representar en el Colegio."
 .- A Julio Nombela, también en Sevilla, algo más tarde (concretamente en 1853) "con motivo de publicarme un poema el periódico local La Aurora, cuyo director, José Luis Nogués, me lo presentó. Durante aquel año y el siguiente los tres empezamos a planear nuestra marcha a Madrid en busca de la gloria literaria. Todas las noches nos reuníamos en la buhardilla de Campillo para leernos lo que habíamos escrito durante el día; e íbamos guardando en una arqueta de madera los poemas que se aprobaban por unanimidad."
En realidad, yo había ido poniendo esas comillas a lo que yo creía que iban a ser en mi relato las palabras de Bécquer. De hecho, ya había concebido en mi mente parte de la historia, la cual, se iba a llamar precisamente El último otoño de Bécquer. En virtud de ello, en otra octavilla de aquellas yo había ensayado el principio de la narración del siguiente modo:
"Bécquer sabía que aquél iba a ser su último otoño, cuando durante unos cuantos días dio en recordar, no sabía cómo, aquel otro otoño, el primero, que vino a Madrid, cuando, dejando su natural Sevilla, se trasladó a la capital de España en busca de la gloria.
Cuando Bécquer llegó a Madrid, era otoño. Hojas muertas caían de los árboles como sus años, como sus ilusiones. En cuarto otoñal de la calle de Hortaleza el poeta descansa. Seis reales diarios le cuesta este silencio de miseria, esta luz hipotecada, este cubo de cinc para lavar sus sueños. Madrid, como cualquier otro lugar, era una montaña lírica inexpugnable. Las Rimas, como rocas de Sísifo, rodarían impotentes lágrimas abajo. No encontró un cadáver ilustre, como Zorrilla, para cantarle versos de campanas. Su corazón de niebla soñó inútilmente entre los pulmones deshechos por la tisis. El dolorido sentir de su romanticismo, sus Ofelias perdidas y sus sepultureros quedaron sin papel junto a la orilla de frágiles proyectos, junto a claustros húmedos y entre melladas dentaduras de castillos. En otras ciudades, como Soria o Toledo, perseguirá la gloria de igual modo, la gloria que devendrá rayo de luna o mano etérea pulsando los misterios de una ojiva. Sólo la paz de una estatua yacente, a la luz indecisa de una bóveda, le acercó sin miedo hasta el umbral de la querida muerte. La vida de Bécquer siempre fue una vida rota, una vida de otoño, como aquel otoño en que llegó a Madrid."

Dos años antes del viaje a Cataluña nadie habría dado un real por la vida del poeta. La enfermedad crónica de sus pulmones se le agravó por un virus venéreo que contrajo en una relación sexual poco clara. Alguna mujer de las Vistillas o Lavapiés que comerciaba con su cuerpo debió contagiarle una gonorrea tan galopante que a punto estuvo de llevárselo a la tumba. En los huesos se quedó Gustavo, y él que de por sí siempre fue delgado y enfermizo, a duras penas salió adelante. Siempre creyó que sólo la intercesión divina lo había logrado. Por aquel entonces releía Recuerdos y bellezas de España, del poeta catalán Pablo Piferrer, y había visto las páginas dedicadas a la Virgen de Montserrat y al agreste paraje donde se levanta el monasterio dedicado a venerar a la Moreneta. Creyó que igual que había ejercido su influjo benefactor en otras criaturas humanas, lo había hecho en su persona librándole de aquellas horribles calenturas que, efecto de tan vergonzosa enfermedad, a punto estuvieron de acabar con su vida a los 22 años de edad. Así que, decidió nada más verse de pie y con ganas de vivir, realizar un viaje a Cataluña para cumplir la promesa que acababa de hacerse a sí mismo al verse otra vez en el mundo de los vivos. Se lo dijo a unos amigos de Madrid y de todos ellos, que eran muchos, se apuntaron tres de los más fieles, Nombela, García Luna y Rodríguez Correa. Ni Campillo ni Ferrán pudieron acompañarle.
En las dos últimas octavillas yo había escrito cosas sobre lecturas y óperas favoritas de Bécquer; respecto de las primeras, cito sólo, por la importancia que tenía para él, el título de un cuento de Hoffmann que le tenía obsesionado: Las minas de Falún, y respecto de la música que le gustaba más, había dos óperas por las que sentía verdadera devoción: Lohengrin, de Wágner, y Lucía de Lammermoor, de Donizetti.