martes, 29 de octubre de 2013

EL LIBRO DE LOS SERES IMAGINARIOS

 


 
 
De vez en cuando me gusta releer libros al azar. Subo a la biblioteca y en semipenumbra saco un libro de uno de sus estantes para entrar de nuevo en el mundo mágico de sus páginas. Esta vez he tenido más suerte que en otras ocasiones pues me ha tocado un libro de Borges, escrito con la colaboración de Margarita Guerrero, por el que siento verdadera devoción: EL LIBRO DE LOS SERES IMAGINARIOS, que, como reza el prólogo, se trata de "un manual de los extraños entes que ha engendrado, a lo largo del tiempo y del espacio, la fantasía de los hombres".
He vuelto a recordar algunos de esos entes fantásticos, especialmente los animales soñados por Kafka, Lewis y Poe; sin embargo, hoy me quedo con esos dos peces iguales, Abtu y Anet, que en la mitología egipcia nadan delante de la embarcación de Ra, dios del sol, advirtiéndole de los peligros que pudieran salirle al encuentro, de día viajando por el cielo de este a oeste, y de noche, bajo tierra, en sentido contrario.
Es un libro lleno de sorpresas que me hace pasar momentos inolvidables.
Lo recomiendo.

sábado, 19 de octubre de 2013

PARA VENCER AL INSOMNIO

                  Hay libros de esos que están escritos para acompañar a los insomnes con confesiones y
confidencias relacionadas con el mundo de la música, la literatura el cine o la poesía, un mundo que recrea los sueños y los deseos más peregrinos. Hoy recojo en estas páginas un ejemplo de ese tipo de libros: se titula CUADERNO DE MADRUGADAS y es obra de José Costero (Corona del Sur, 2010), viejo amigo de encuentros literarios en el Ateneo de Barcelona.

            En resumen, se trata de un libro nostálgico, a veces triste, pero siempre ameno, con notables rasgos líricos y bien escrito, con la pluma y el corazón de un pensador y poeta experimentado que evoca momentos y experiencias dolorosas casi siempre de personajes que por mérito propio han pasado a la historia y cuyas obras aguardan impacientes en nuestras bibliotecas y en nuestras cadenas musicales.

 
 
 
            José Costero ha reunido en 180 páginas a ilustres músicos, cantantes, poetas, novelistas, dramaturgos, estrellas de cine, psicoanalistas…, de la talla de Mozart, Allan Poe, Baudelaire, Chejov, Freud, Stevenson, Buster Keaton, Silvia Plath, Blas de Otero, Dylan Thomas, Camus y un largo etcétera, con la intención de acercárnoslos a nuestra vida cotidiana, ajetreada y llena de altibajos, y entre ellos el insomnio. Porque este libro está escrito por un insomne, que llena esas horas larguísimas y duras de la madrugada con audiciones de música y lecturas diversas para sobrellevarlas mejor y dejar constancia, a través de las evocaciones de esos personajes españoles y universales en situaciones muchas veces extremas, de sus propias inquietudes y confesarnos sus propias manías y obsesiones.

             En dosis de cuatro hojas (pocas veces sobrepasa esa cantidad) andamia toda una vida a partir de un momento clave de cada uno de los 20 personajes que aparecen en el CUADERNO, una borrachera, una enfermedad, una manía…, para desnudarnos no sólo el alma de esas figuras de fama universal, sino la suya propia. En estos veinte microensayos, José Costero, pinta con breves y certeros trazos la fulgurante vida del personaje en cuestión, que recibe en el título de entrada diversos epítetos y reflexiones, y así Faulkner es el Shakespeare del Missisipi, Bartra, la raíz que camina, Camus el cancerbero de la conciencia, Stevenson el que cuenta cuentos, Blas de Otero es fieramente humano, Artaud un corazón de naufragios,  mientras que a otros ilustres acompañantes de la madrugada los sitúa en situaciones vitales extremas: a Poe en el fondo de la botella, a Scout Fitzgerald atado al bourbon, con hielo, para el fracaso, o a Dylan Thomas en la última cogorza, y es que una nota común une a muchos de estos preclaros  personajes: el consumo excesivo de alcohol, drogas y otras sustancias parecidas.
 
           Le doy las gracias a José Costero desde mi rincón de Tossa, donde estoy saboreando las páginas de su CUADERNO, por este regalo de observaciones biográficas, reflexiones y opiniones sobre la aventura vital de las 20 figuras que lo habitan, reflexiones y opiniones que muchas veces son verdaderas confidencias de este acérrimo melómano castigado (casi diría yo premiado: a la vista está el resultado literario conseguido) por su insomnio recalcitrante, y alguna vez un merecido homenaje de cariño y admiración dedicado a un amigo suyo, como el caso de Agusti Bartra.

          He aquí un fragmento de uno de sus microensayos, éste dedicado al poeta español Blas de Otero:

“En esta madrugada insomne, como tantas otras, deambulo por el piso y busco en el anaquel de la biblioteca un libro para leer e inducir así a que el sueño de apodere de mí. Escojo una antología de Blas de Otero y me reprocho ese semiclandestino olvido en que tengo al poeta.

Escribo como escupo. Esta lacónica expresión puede resumir muy bien cómo concebía Otero la misión o posible destino de la poesía. Y explaya también su pesar porque él era el primero en ser consciente de que la voz del poeta, de los poetas, no llegaba con toda la necesaria y palpitante eficacia a las gentes del pueblo. Es la eterna disonancia. Si un poeta se siente solidario y desea ser escuchado, se ve obligado a utilizar un lenguaje en ocasiones distante de lo estrictamente poético. Y el pueblo suele escoger y aplaudir más lo que hay de panfletario que de genuino. Es el inevitable debate que se plantea entre los partidarios de que el escritor debe esforzarse para hacerse entender y que sus frutos sean compartidos, a fin de anular el divorcio que existe entre él y la ciudadanía, y los que afirman, en cambio, que no debe supeditarse a nadie, que el poema no es como una carta con un destinatario conocido, y no debe sacrificar la autenticidad de su obra por la comprensión primaria de un público culturalmente limitado” (páginas 169 y 170)

miércoles, 16 de octubre de 2013

FRANCISCO BRINES ENTRE EL CANTO Y LA ELEGÍA


 

 

Cuando Antonio Machín Romero, autor del ensayo cuyo título coincide con el de la presente entrada, me pidió que le presentara su libro sobre Brines, acepté gustosamente por amistad y admiración, hacia el crítico y hacia el poeta; a Antonio lo conozco desde que en 2003 me mandó una carta solicitando vernos para hablar de Claudio Rodríguez, poeta paisano cuya obra frecuento a menudo, y sobre el cual acababa de publicar un magnífico estudio; y a Francisco Brines, desde que en 1997, año muy importante para mí por muchas razones, me entregó, en nombre del jurado del Premio de Poesía Taurina de Valencia, del que él era Presidente, el galardón del certamen por Toro de la noche; en dicha ocasión, mientras la ciudad disfrutaba de sus famosas Fallas, y en la sede de la Peña situada en la calle Convento de Jerusalén de la ciudad del Turia, hablamos de poesía y del mencionado Claudio Rodríguez, con quien Brines había coincidido algunos años atrás en Inglaterra, donde ambos ejercieron de Lectores de Español.

 

Una vez aceptado el compromiso de la presentación del libro, me metí en la piel de un lector cualquiera para analizarlo con la máxima objetividad posible.

En la mitad superior de la cubierta, encima del título Francisco Brines. Entre el canto y la elegía, una fotografía muestra a tres niñas, nietas de Antonio, jugando a la orilla del mar, clara alusión a ese Canto  y a esa Elegía del título: por un lado, la infancia, el juego, la inocencia feliz, el canto a la vida en su primera etapa; y, por otro, el mar, símbolo de la meta de la vida, de la muerte, último e irreversible destino del hombre, elegía a la fugacidad de la existencia y al paso inexorable del tiempo y sus insalvables consecuencias.

 

 

Y fue junto al mar de mi Tossa donde concluí la lectura del libro, lectura guiada sabiamente en todo momento por Antonio Machín Romero, soriano por más señas y dueño de un castellano sereno y castizo, profesor de Lengua y Literatura española jubilado y autor también de los estudios dedicados a los poetas Dionisio Ridruejo  y el citado Claudio Rodríguez, y al filósofo, jurista y pedagogo Julián Sanz del Río y al político y ensayista Tierno Galván.

 

En cuanto al libro presente, puedo afirmar que desde una postura objetiva, rigurosa y didáctica ha resultado un trabajo completísimo e imprescindible sobre Francisco Brines, no sólo sobre su vida y obra, que es lo habitual en este tipo de estudios, sino también sobre la actitud ética de compromiso del poeta con su propia vida y con la de los demás así como el modo de concebir la poesía y su propio proceso creador, incluyendo abundantes conocimientos sobre el estilo del poeta y sus principales recursos.

De todo ello se deduce el objetivo que ha buscado el autor con su exhaustivo trabajo, y es, como dice en el Prólogo, hacer más cercana al lector la obra poética de Brines y su mundo, estudiando su circunstancia particular y analizando, tras la lectura sosegada y atenta de todos y cada uno de los poemarios del poeta, las características centrales de su obra.

 

Y manejando con destreza de profesor y ensayista experimentado la extensa bibliografía que sobre el poeta incluye en el trabajo, comienza definiendo la obra poética de Brines como “una aventura vital” o “una biografía poética” que tiene como “espacio mítico” Elca, término del campo de Oliva donde nació el poeta, transcurrió lo mejor de su vida y descubrió la realidad física de su persona.

A lo largo de la obra de Brines hay, como no podía ser de otra manera, abundantes referencias a Elca. He escogido, sin embargo, como muy significativa, la que aparece en Palabras a la oscuridad (1966), libro donde se da una de las antítesis favoritas del poeta: la luz, representada por la palabra, en este caso la poesía, frente a la oscuridad o el fracaso de la vida, considerada como un ejercicio inútil. Es el poema Elca, que significativamente dedica a Juan Bautista Bertrán, su primer profesor de Literatura: “Ya todo es flor: las rosas / aroman el camino. / Y allí pasea el aire, / se estaciona la luz, / y roza mi mirada / la luz, la flor, el aire. / Porque todo va al mar: / y larga sombra cae / de los montes de plata, / pisa los breves huertos, / ciega los pozos, llega/ con su frío hasta el mar. / Ya todo es paz: la yedra / desborda en el tejado / con rumor de jardín: / jazmines, alas. Suben, / por el azul del cielo, / las ramas del ciprés. / Porque todo va al mar: / y el oscuro naranjo / ha enviudado su flor / para volar al viento, / cruzar hondas alcobas, / ir adentro del mar…” (Selección Propia, 92).

 

La llamada de la poesía la sintió Brines a los 14 ó 15 años en el colegio de los jesuitas donde estudió Bachillerato. Allí, aconsejado por su profesor de Literatura, el citado padre Bertrán, se inició en ella a través de la lectura de Juan Ramón Jiménez, a quien permanecerá fiel hasta el final. Fue la poesía la que le sirvió de consuelo y refugio tras la crisis religiosa que sufrió por entonces, junto al amor a la vida que mostró siempre.

También leyó a Garcilaso, Quevedo, Bécquer, Antonio Machado, Rubén Darío y otros poetas españoles contemporáneos suyos, como José Hierro, quien facilitó su primera lectura poética en el Aula de Poesía del Ateneo de Madrid, que dirigía, cuando Brines estudiaba Filología Románica en la Universidad Complutense. También en Madrid entró en contacto con otros poetas como Vicente Aleixandre o Carlos Sahagún. Precisamente fueron estos dos últimos poetas quienes tuvieron mucho que ver con que Brines presentara al Adonais de 1959 su libro Las brasas (Aleixandre le ayudó en la ordenación del libro y Sahagún a mecanografiar el texto). Brines ganó el premio.

El título dice claramente el contenido del libro: “lo que arde sin llamas, en proceso de extinción”, lo que fue fuego abrasador y ahora se halla en el camino de ser ceniza, de ser nada. El paso del tiempo será ya una de las constantes de la poesía de Brines, que para el ensayista es el poeta metafísico de su generación.

La aprobación del libro fue rápida, y uno de los lectores preferidos fue Luis Cernuda, que sería ya siempre su mejor maestro  y a quien le había mandado un ejemplar. A Cernuda lo había descubierto Brines en una Antología colectiva de Alfonso Moreno y enseguida quedó deslumbrado por la autenticidad del poeta del 27. A partir de ese momento le siguió la pista en otras antologías y revistas hasta localizar en Madrid en la librería Abril, que vendía libros prohibidos, Como quien espera el alba, poemario de Cernuda, de 1947, que fue un verdadero tesoro para Brines y para sus amigos valencianos, a quienes lo dio a conocer.

Fruto de esa devoción que creó en todos ellos el libro de Cernuda, fue el homenaje que le rindieron en otoño de 1962, a un año de la muerte del poeta, que vivía exiliado en México, en un número extraordinario de La caña gris, revista que dirigía Jacobo Muñoz, uno de esos amigos. La colaboración de Brines, una de las más extensas, junto con la de José Olivio Jiménez, gran conocedor de la obra poética de ambos, es un sincero reconocimiento de admiración al poeta sevillano y una declaración de principios de su propia poesía identificada en muchos aspectos con la de Luis Cernuda.

Desde entonces Brines ya no dejó de cultivar la poesía, aunque lo hacía sin prisas y con estudiada meditación.

 

Y llegaron nuevos libros y nuevos premios:

Palabras a la oscuridad (1966), que mereció ese año el Nacional de la Crítica y al año siguiente el de las Letras Valencianas; hasta lograr en 1987 el Nacional de Literatura por El otoño de las rosas, dedicado significativamente a sus grandes maestros, Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda, libro donde aparece de nuevo la antítesis entre la vida y la muerte, entre la rosa, símbolo de belleza y plenitud, y el otoño, que representa la cercanía de la muerte. Paralelamente, el poeta acepta con serenidad que su vida sufra el paso inexorable del tiempo.

Y no olvidemos La última costa, que mereció el Premio Fastenrath del Ministerio de Cultura en 1998, y en el que la vida es comparada con una embarcación que, tras navegar entre la niebla y sufrir arriesgados accidentes, llega  a la última costa, fin de su navegación. Sin embargo, paradójicamente el poeta canta a la vida aunque sepa que se encamina a su inevitable final. Al año siguiente recibió el Premio Nacional de las Letras por la totalidad de su obra.

 

Su brillante carrera poética y profesional obtuvo el broche de oro en 2001 al ser elegido académico de la RAE para ocupar el sillón X, vacante desde el fallecimiento de Buero Vallejo. Sin embargo, debido a un infarto que sufrió dos años más tarde, no leyó su discurso de ingreso hasta 2006, cuyo título deja a las claras la admiración y el reconocimiento que siempre había sentido por Cernuda: Unidad y cercanía personal en la poesía de Luis Cernuda.

En él afirma entre otras cosas del poeta sevillano que lo que más le importó siempre fue desvelar en su poesía la verdad del hombre que era él y reconocerse a sí mismo en cada poema, y “que tal vez no haya en nuestra época contemporánea un poeta en España que equilibre con tanta intensidad los dos componentes esenciales del hombre: cuerpo y espíritu. El mundo racional (pensamiento meditado, que es fruto directo del espíritu), el mundo sensorial (tan agudo, intenso y delicado que se expande del cuerpo) y el mundo afectivo (que es el impulso de abrazo o rechazo hacia lo que queremos ser, dependiente de los mundos racional y sensorial, que en Cernuda aparece con fuerza desusada). Estamos ante una obra cimera por la plenitud con que se presentan en ella los tres posibles componentes de la poesía.” Mundo racional, sensorial y afectivo presentes en la propia poesía de Francisco Brines.

 

Antonio Machín Romero afirma certeramente que Brines es un poeta total que ha hecho de la poesía su razón de ser y a la que se ha entregado en cuerpo y alma; y que por todo ello es motivo permanente de su reflexión. Y nos recuerda al respecto las palabras del poeta: “Estimo particularmente, como poeta y lector, aquella poesía que se ejercita con afán de conocimiento, y aquella que hace revivir la pasión de la vida. La primera nos hace más lúcidos, la segunda más intensos.”

Son muchos los poemas donde insiste en ello, pero prefiero destacar el poema Cuando yo aún soy la vida, perteneciente a Aún no, 1971, libro que aumenta la visión negativa del vivir, pesimista a lo Quevedo y lleno de los contrastes del Barroco: vida-muerte, luz-sombra, amor-soledad, olvido-recuerdo, juventud-vejez, eternidad-vacío, realidad-apariencia…

He aquí dicho poema: “La vida me rodea, como en aquellos años / ya perdidos, con el mismo esplendor / de un mundo eterno. La rosa cuchillada / de la mar, las derribadas luces / de los huertos, fragor de las palomas / en el aire, la vida entorno a mí, / cuando yo aún soy la vida. / Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos, / y un amor fatigado. / ¿Cuál será la esperanza? Vivir aún; / y amar, mientras se agota el corazón, / un mundo fiel, aunque perecedero. / Amar el sueño roto de la vida / y, aunque no pudo ser, no maldecir / aquel antiguo engaño de lo eterno. / Y el pecho se consuela, porque sabe / que el mundo pudo ser una bella verdad.” (Selección Propia,161)

 

Y de este modo, con la desenvoltura y amenidad que proporciona el dominio del idioma castellano y el rigor científico y profesional de quien conoce a la perfección el terreno literario que pisa, Machín Romero hace avanzar su ensayo sobre los pilares que lo sostienen hasta el estudio pormenorizado de cada uno de los libros del poeta.

Pilares que reciben títulos como: Generación (la de Claudio Rodríguez, Valente, Sahagún, Biedma, Goytisolo y González, entre otros, que establece un equilibrio entre la poesía de denuncia y la poesía imaginativa, y además la búsqueda de la dignificación del lenguaje y la belleza para transmitir una emoción intensa); La poesía no es comunicación (sino medio de conocimiento de lo que el poeta experimenta mientras crea el poema); La poesía es moral (“te permite asentir al que tú no eres, y esa es su moral, la moral de la tolerancia”); Visión del mundo (el destino de todo lo humano es el olvido y que sólo la poesía misma y el amor inmenso a la vida puede salvar al poeta, aunque suene paradójico); Sentimiento o compromiso trágico (“fundado en el rechazo de la moral cristiana de resignación ante la muerte y en un sentido materialista y trágico de la vida”); Distanciamiento (sólo tiene de íntimo aquello que es común a todos los mortales)  y Temas.

 

Ya adelantamos que Machín Romero acierta al calificar a Brines de poeta metafísico, porque sin duda el tema fundamental de su poesía es el tiempo, acompañado de la infancia, el amor, la vejez y la naturaleza, que, paradójicamente, es la única que se renueva cíclicamente y por lo tanto no se acaba nunca.

 Somos tiempo, el tiempo que gastamos, el tiempo que nos gasta y el que finalmente nos quitará el ser.

Efectivamente, el paso destructor del tiempo, aunque va haciendo al hombre más reflexivo, también lo hace más pobre en su relación con la vida. No en balde Brines justifica su quehacer poético así: “Una de las motivaciones más frecuentes en mí es la necesidad de ese intento desvalido de fijar el tiempo que se nos escapa, de salvar esos momentos de dicha o de dolor que tan precariamente nos pertenecen y que, en definitiva, somos nosotros mismos”.

Relacionado con el tiempo, está el tema de la infancia, pues para Brines es el tiempo de la dicha absoluta, de la vida en plenitud, de la inocencia, de ahí que vuelva una y otra vez a ella cuando aparece en él el sabor amargo de la vida. En esto reside el canto y la elegía que modulan el significado de su poesía.

Y el del amor, en cuanto es el acto más intenso de la vida pero se transforma en el acto en que la desposesión, el vacío, se hace más evidente. Pues considerado desde la pasión, se transforma en símbolo de la carencia última, “es el ardor apagado”, es el que anuncia cómo se va apagando la vida.

Y el de la vejez, que nos anuncia la muerte, la irrealidad, la sombra, la nada. Deduce muy bien Machín Romero que la aceptación de la vida, el amor y la propia poesía como un engaño es la consecuencia de la vejez.

Finalmente, está la naturaleza que, frente al hombre que es mortal por definición, permanece inmortal en sus ciclos constantes, del morir y renacer con el otoño y la primavera. Es además testigo inexorable del apagamiento del ser humano. La naturaleza es para Brines, junto con la poesía, el principal referente de permanencia frente a su propia transitoriedad.

Donde mejor se ve lo que estamos diciendo es en el poema Continuidad de las rosas, perteneciente al libro Insistencias en Luzbel, 1977, en el que la experiencia de la nada (tema presente en la primera parte) y la experiencia de la vida (tema de la segunda) son irreconciliables; aun así, el poeta se aferra desesperadamente a la poesía, porque componer poesía, dice, es “insistir en esa dimensión esencialmente engañosa de la existencia”. He aquí el poema anunciado: “Donde viste la luz, sigue la luz, / y allí donde los cuerpos estuvieron / siguen las olas mojando las arenas; / donde oliste la flor, zumban abejas / nuevas, y otros veleros tiene el mar. / En el lugar donde absorto viviste / el engaño del mundo: tu inocencia, / los mismos astros permanecen…” (Selección Propia, 189)

 

Concluyendo ya, hemos podido advertir en los poemas leídos lo esencial de la poesía de Brines en cuanto a su vestidura. Son poemas que adoptan la forma clásica y serena, de contención, sin altisonancias ni quejas, aunque muchas veces no faltan los tonos elegíacos, como buen discípulo de Quevedo y de Cernuda. Los versos, heptasílabos y endecasílabos la mayoría, avanzan con elegantes encabalgamientos y sin agruparse en estrofas, hasta formar el poema, donde las evocaciones tienen un lugar predominante y la claridad expresiva priva sobre cualquier otro aspecto. Respecto al sujeto lírico de cada poema, que suele arrancar casi siempre de una anécdota personal, Brines se vale indistintamente de las tres personas gramaticales, y así, aunque domina el empleo de la primera persona (caso de los dos primeros poemas leídos), a veces para evitar exceso de subjetivismo aparece un identificado con el poeta (como en el poema tercero), o un él con el mismo valor (los ejemplos más abundantes se hallan en Las Brasas, su primer libro).

Y en cuanto al fondo, él mismo nos lo resume así: “En mi poesía hay un centro que lo devora todo, que lo arrastra, y que tiene que ver con una idea: la del mundo como pérdida.” Pero lo canta. El poeta tiene así muy presente lo que dijo Machado: “Se canta lo que se pierde.”

Y esto es algo de lo mucho que dice el ensayista en su magnífico libro. Ahora sólo falta que el seguidor de Brines entre en sus páginas y aproveche el regalo que nos hace el autor al proporcionarnos tantos y tan bien coordinados conocimientos sobre la vida y la obra del poeta de Oliva.

 

                             

                                                      Ateneo barcelonés, 14 de octubre de 2013

martes, 18 de junio de 2013

CURSO DE LITERATURA COTEMPORÁNEA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA

Generación del 27 (y II)


Vicente Aleixandre (1898-1984) nació en Sevilla pero su infancia transcurrió en Málaga, donde empezó sus primeros estudios. En Madrid acabó la segunda enseñanza. Terminó Derecho y Comercio y trabajó en una compañía ferroviaria. Cayó enfermo y se fue al campo para curarse. De vuelta a Madrid, dedicó su vida a escribir y logró el Premio Nacional de Literatura. Viajó por varios países de Europa. Fue miembro de la Real Academia y recibió el Premio Nobel en 1977.
 
Al principio le influyó Juan Ramón Jiménez. Pero, inmerso en los postulados del surrealismo, dio a conocer libros como La destrucción o el amor, donde la muerte se fusiona con la pasión amorosa, o  Sombra del paraíso, en el que Málaga se convierte en un edén perdido en el recuerdo del poeta y cobran presencia sus emociones e inquietudes personales. Finalmente, en Historia del corazón, entre otros, aparece también el nosotros, la solidaridad con los demás, sin que por ello desaparezca el amor o la intimidad del propio poeta.

 
 
 
 
 
Federico García Lorca (1898-1936) nació en Fuentevaqueros (Granada) en el seno de una familia rica. Estudió Derecho y Filosofía y Letras en Granada y Madrid. Aquí se instaló en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a importantes figuras de las artes y las letras. Viajó a Nueva York como becario y volvió vivamente impresionado por la experiencia allí vivida. A su regreso a Madrid, se hizo cargo del teatro universitario La Barraca y recorrió España representando obras de nuestro teatro clásico. Pianista virtuoso y apasionado del floklore, dio conferencias y recitales de piano. Dramaturgo excepcional, obtuvo triunfos memorables en Buenos Aires. Fundó la revista literaria Gallo y colaboró en muchas de ellas. Murió asesinado al principio de la Guerra Civil.
 
Con Yerma o La casa de Bernarda Alba destacó como dramaturgo. Y como poeta se dio a conocer con Libro de poemas, influido por Bécquer y Rubén Darío. Le siguieron otros más personales entre los que destacan el Poema del Cante Jondo, que es una fusión entre lo popular y lo culto, el Romancero gitano, un canto dramático a la raza perseguida, convertida en mito, o Poeta en Nueva York, donde habla en verso libre y multitud de rasgos surrealistas del hombre condenado a formar parte del engranaje del progreso que lo aniquila.

 
 
Rafael Alberti (1902-1999) nació en el Puerto de Santa María (Cádiz). Estudió bachillerato en el Colegio de los Jesuitas. Se trasladó a Madrid para dedicarse a la pintura. Cayó enfermo y se retiró a la sierra de Guadarrama, donde empezó a escribir poesía. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía. Viajó por Europa y permaneció un tiempo en Rusia. Se afilió al Partido Comunista. Al acabar la Guerra se exilió a París, Buenos Aires y Roma. De vuelta a España, recibió el Premio Cervantes y otras distinciones antes de morir.
 
De su obra poética destacan, entre otros, los siguientes títulos: Marinero en tierra, rico muestrario de formas populares aprendidas en los cancioneros y romanceros tradicionales españoles; Cal y canto, donde el humor y los influjos gongorinos se dan la mano para tratar temas e imágenes modernas propias del Ultraísmo; o Sobre los ángeles, obra perteneciente a su etapa surrealista en la que expresa la angustia interior del hombre ante un mundo amenazante y sin sentido donde impera la crueldad, la ira, la guerra o la muerte.

 
 
 



 
 
Luis Cernuda (1902-1963) nació en Sevilla. Vivió en Madrid. Fue lector de español en la Universidad de Toulouse. Apoyó la causa republicana, lo que, con la Guerra, le obligó a exiliarse a Inglaterra y  EEUU, donde siguió ejerciendo la docencia. Finalmente, se trasladó a Méjico, donde murió.
 
Toda su poesía está transida de un romanticismo y desarrolla su temática entre el deseo del poeta de realizarse plenamente como persona y la realidad limitadora que lo envuelve. De ahí que reuniera su producción poética bajo el título La realidad y el deseo. Varios son los libros incluidos en él (Un río, un amor, por ejemplo, es de temática muy íntima), Donde habite el olvido (inspirado en Bécquer y cuyo título proviene de un verso del poeta de las Rimas), o Las nubes , que contiene algunas notas religiosas. También escribió un precioso libro de prosa poética, Ocnos, donde echa de menos a su tierra andaluza, y libros de crítica literaria, como Poesía y literatura.

 
 
Miguel Hernández (1910-1942) nació en Orihuela (Alicante) en el seno de una familia humilde. De niño fue pastor de cabras, pero su afición por la lectura le ayudó a formarse. Su vocación poética, temprana, le llevó a participar en las tertulias de su amigo Ramón Sijé. Luego se trasladó a Madrid, donde con la ayuda de su amigo Pablo Neruda, se abrió camino en el mundo de las letras y la política. Cuando estalló la Guerra se alistó en las filas de la República y se casó. Pero detenido por el bando nacional, fue conducido a la cárcel de Alicante, donde murió de tuberculosis, después de haber sufrido la muerte de su primer hijo. 
 
Siguiendo la moda gongorina de la Generación, escribió Perito en lunas, en el que emplea octavas reales para hablar metafóricamente de objetos cotidianos. Su primer libro personal fue El rayo que no cesa, donde trata sus temas más recurrentes: la pasión  amorosa, la fuerza de la vida y la desolación de la muerte; los sonetos que contiene son de una hechura perfecta, pero los tercetos encadenados de la Elegía a Ramón Sijé no les van a la zaga, pues forman además de un llanto lírico, un canto bellísimo a la amistad. De temática muy distinta son otros libros como Viento del pueblo, donde la solidaridad humana o el dolor de la guerra adquieren poderosa presencia. Finalmente, el Cancionero y romancero de ausencias, con estrofas de la lírica tradicional española, nos habla de la soledad de la cárcel o del amor a su esposa y a su hijo.

 
 
Dámaso Alonso (1898-1990), nació en Madrid, fue catedrático de Lengua y Literatura españolas y director de la R.A.E. Además de crítico literario (editó las Soledades, de Góngora, entre otros trabajos), se distinguió como excelente poeta en obras como Oscura noticia y, sobre todo, Hijos de la ira, libro que fue un punto de partida para la poesía desarraigada de la posguerra por sus poemas de inspiración religiosa y tonos duros y angustiosos que reflejan la situación del hombre que expresa su soledad ante un Dios que se muestra ausente.

 
 
Son también poetas destacados del Grupo del 27 Manuel Altolaguirre (1905- 1959) y Emilio Prados (1899-1962), fundadores de la revista Litoral y ambos exiliados tras la Guerra Civil. El primero es autor de Las islas invitadas y el segundo, de Jardín cerrado.


Lectura y actividades
 
1. Lee los textos siguientes y contesta a las preguntas que los acompañan:





1.
"Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
 
Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza
peregrina al azar, mi alma sin dueño.
 
Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,
 
como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.
(Versos humanos, de G. Diego)
 
2.
"Basta, tristeza, basta, basta, basta.
No pienses más en esos ojos que te duelen,
en esa frente pura encerrada en sus muros,
en ese pelo rubio, que una noche ondulara.
¡Una noche! Una vida, todo un pensar,
todo un amor, toda una dulce sangre.
Toda una luz que bebí de unas venas,
en medio de la noche y en los días radiantes.
Te amé... No sé. No sé qué es el amor.
Te padecí gloriosamente como a la sangre misma.
Como el doloroso martillo que hace vivir y mata.
Sentí diariamente que la vida es la muerte.
Supe lo que es amar porque morí a diario.
Pero no morí nunca. No se muere. Se muere...
Se muere sobre un aire, sobre un hombro no amante.
Sobre una tierra indiferente para los mismos besos.
Eras tan tierna; eras allí, remotamente, hace mucho,
eras tan dulce como el viento en las hojas,
como un montón de rosas para los labios fijos..."
(Mundo a solas, de V. Aleixandre)
 
3.
"Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas."
(Poema del Cante Jondo, de Lorca)




a) Enuncia el tema de cada poema. Búscales un título adecuado. Razona tu respuesta.
b) ¿Qué clase de composición es la de Gerardo Diego? Escribe su esquema métrico.
c) Analiza la métrica del texto de Aleixandre (versos, rima, encabalgamientos...)
d) Haz lo mismo con los versos de Lorca. ¿Hay estribillos, versos que se repiten? Explica por qué.
e) Enumera todas metáforas del poema de Diego. Y luego cita el término real al que se refieren todas.
f) Localiza las anáforas, las paradojas y las comparaciones presentes en el texto de Aleixandre.
g) Analiza las metáforas, las comparaciones, las anáforas y las personificaciones del poema de Lorca.
h) ¿Qué tipos de personas hablan en los tres textos? ¿Son descripciones, diálogos o narraciones?

 


 
  


TEXTO COMENTADO.

 Un poema de El rayo que no cesa,
de M. Hernández

 

"Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por el hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto    5
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.
 
Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada          10
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.

 


SITUACIÓN

A Miguel Hernández se le considera un epígono del Grupo del 27. Dentro de su apasionada obra poética destaca El rayo que no cesa, un poemario de una fuerza irresistible cuyos temas recurrentes son la pasión de amor, el dolor, el destino trágico del hombre y la muerte. En el poema que estudiamos está presente el destino triste del poeta, nacido para el luto y el dolor.


 CONTENIDO

El poeta afirma que ha nacido, como el toro, varón, y para sufrir (primera parte, primera estrofa). Que posee un corazón enorme para amar y lucha por lo que quiere con la fuerza del toro (segunda parte, segunda estrofa). Como el toro acepta su destino de castigo y lo expresa con toda su pasión (tercera, parte, tercera estrofa). Finalmente, declara su amor aunque sabe que quedará reducido al deseo y burlado como el toro (cuarta parte, cuarta estrofa). 

 
ANÁLISIS

La estructura externa del poema forma un soneto, catorce endecasílabos agrupados en dos cuartetos y dos tercetos; por lo que su esquema métrico es 11A 11B 11B 11A 11A 11B 11B 11A 11C 11D 11E 11C 11D 11E.  Los encabalgamientos se dan, sobre todo en el primer cuarteto y en los versos 5-6 y 10-11. La comparación con el toro viene ya indicada desde el primer verso del poema y se va repitiendo al principio de cada estrofa ("como el toro..."), formando de paso una anáfora que insiste en el tema. Deben notarse las metáforas del corazón ("el hierro infernal en el costado"), los atributos masculinos ("por varón en la ingle con un fruto"), la lengua apasionada y cantarina ("la lengua en corazón tengo bañada", "llevo al cuello un vendaval sonoro"). Las aliteraciones son frecuentes ("como el toro estoy marcado...", "hierro infernal...", "por varón en la ingle con un...", "Como el toro lo encuentra diminuto...", etc.). Y repeticiones de sílabas de palabras diferentes ("...diminuto todo...") y de formas verbales con lexemas comunes ("...te sigo y te persigo..."). Y antítesis que muestran la fuerza de su contradictorio destino ("diminuto-desmesurado"). Nótese, finalmente, que la comparación con el toro parece no terminar o, simplemente, dar la vuelta para comenzar sus quejas (ver el último verso).

 
CONCLUSIÓN

El hecho de compararse el poeta con el toro muestra el tono impetuoso y arrebatador de la poesía de Miguel Hernández. Varón, nacido en el castigo, nacido para amar la vida apasionadamente y para morir. Parece mentira que en un soneto (jaula para encerrar las palabras) se haya podido decir tanto.

martes, 4 de junio de 2013

CURSO DE LITERATURA CONTEMPORÁNEA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA


GENERACIÓN DEL 27 (1)
 
Estuvo formada ante todo por poetas como Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca o Luis Cernuda, si bien cultivaron otros géneros, como el teatro o la crítica literaria Muchos de ellos fueron profesores y alguno autodidacto, como Miguel Hernández, pero todos se consideraron admiradores de nuestros clásicos, desde Bécquer hasta Juan Ramón Jiménez o Góngora, cuyo tercer centenario celebraron con interés, y fervientes cultivadores de la metáfora, así como de la poesía popular y culta. Al estallar la Guerra Civil, Lorca murió asesinado y, mientras unos se quedaban en el país, otros se fueron al exilio; algunos años más tarde Miguel Hernández encontraría la muerte en la cárcel de Alicante.
 
En la evolución poética del grupo pueden considerarse tres etapas:
La primera, que abarca hasta la celebración del tercer centenario de Góngora, presenta influjos becquerianos, modernistas, los primeros vanguardismos y la lírica popular, y siente devoción incondicional por Góngora.
La segunda llega hasta la Guerra y se caracteriza principalmente por la inclusión del surrealismo en los poemas de algunos de sus representantes (Lorca, Alberti, Aleixandre...), la vuelta la humanización y por algunas notas sociales y políticas.
Y la última, que comienza a partir de la Guerra, fue testigo del exilio de algunos de sus miembros (Alberti, Cernuda, Guillén,,,), con lo que nace en ellos la nostalgia de la patria lejana. Y de la muerte de otros, como Lorca y Hernández. En ella, además, se acentúan los tonos humanos y trascendentales y la angustia que representa para muchos la existencia humana.

 
 
 
Pedro Salinas (1892- 1951) nació en Madrid. Estudió Derecho y Filosofía y Letras y obtuvo la cátedra de Lengua y Literatura española. Ejerció la docencia en Murcia y Sevilla y fue lector en Cambridge. Fue nombrado profesor de la Escuela central de idiomas y, durante largas temporadas, secretario de la Universidad Internacional de Verano en Santander. A la llegada de la Guerra Civil se exilió en América; allí enseñó en la Universidad de  Puerto Rico y en Baltimore. Murió en Boston.
 
 En su primera época, a la que pertenece, por ejemplo, Presagios se aprecia la presencia de Juan Ramón Jiménez y algunos rasgos vanguardistas, aunque ya aparece el tema del amor, que será constante en la siguiente etapa. Ésta es la de Razón de amor o La voz a ti debida , donde el amor se interioriza a partir de situaciones reales. La última etapa se inicia con el exilio y a ella pertenecen libros como Confianza, cuya temática se preocupa del dolor y los problemas del mundo. Su métrica, breve y sencilla, está impregnada de delicadeza, emoción e ingenio.

 
 
Jorge Guillén (1893-1984) nació en Valladolid. Estudió Filosofía y Letras en Madrid y Granada. Obtuvo como su amigo Salinas la cátedra de Literatura en Sevilla en cuya Universidad enseñó. Cuando estalló la Guerra se fue a EEUU, donde siguió enseñando hasta su jubilación. Residió en Italia y, finalmente, en Málaga hasta su muerte.
 
Toda su poesía anterior a 1950 aparece reunida en Cántico (hasta cuatro ediciones), en el que trata el tema del entusiasmo del mero vivir. Después, en Clamor, el entusiasmo deja paso a la protesta. Emplea estrofas y versos clásicos (décimas, sonetos, romances, endecasílabos, octosílabos...) y los pule siempre con rigor intelectual y desnudez.

 
 
Gerardo Diego (1896-1987) nació en Santander. Estudió Filosofía y Letras en Deusto y se doctoró en Madrid. Enseñó Lengua y Literatura en Soria, Gijón, Santander y Madrid. Compartió el Premio Nacional de Literatura con Alberti. Viajó por Sudamérica y Filipinas dando conferencias. Fue miembro de la RAE y obtuvo el Premio Cervantes. Compaginó sus labores profesionales y poéticas con las musicales. Murió en Madrid.
 
En su producción poética tienen cabida lo tradicional y lo vanguardista, y el dominio de la forma elegida (el romance, el soneto, la décima...). Su temática es variadísima (religiosa, taurina, social, amorosa...). Entre sus libros destacan Soria ( con influjos de Bécquer y A. Machado), Manual de espumas, libro adscrito al Ultraísmo, o Alondra de verdad, en el que llega a su cima lírica por medio de sonetos de gran emoción.

 






          Lecturas y actividades
 
          1. Lee los siguientes textos y contesta las preguntas que se exponen a continuación.


" Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo (...) por razones especiales, sino que se siente "como todo el mundo" y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás. Imagínese un hombre humilde que al intentar valorarse por razones especiales --al preguntarse si tiene talento para esto o lo otro, si sobresale en algún orden-- advierte que no posee ninguna calidad excelente. Este hombre se sentirá mediocre y vulgar, mal dotado; pero no se sentirá masa. Cuando se habla de "minorías selectas", la habitual bellaquería suele tergiversar el sentido de esta expresión fingiendo ignorar que el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. Y es indudable que la división más radical que cabe hacer en la humanidad es ésta, en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva."
 
(Rebelión de las masas, de Ortega)
 
2.
"No quiero que te vayas,
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que la niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.
       
          (La voz a ti debida, Salinas)
 
 
a) Define "masa" según Ortega y explica las dos clases de criaturas en que se divide la humanidad.
b) Explica el tono intelectual y riguroso empleado por el filósofo, acudiendo a cultismos, nombres abstractos, etcétera.
c) Comenta la presencia de las comillas en el texto de Ortega.
d) Enuncia el tema del poema de Salinas.
Ponle un título adecuado. Razona tu respuesta.
e) ¿Qué significa en el poema "irrefutable"?
f) Analiza la métrica: tipos de versos, estrofa, rima, encabalgamientos...
g)  Localiza un caso de personificación y explícalo.
h) Comenta algún asíndeton del texto.
i) ¿Cómo se llama el recurso estilístico de dirigirse al dolor como receptor del poema? Explícalo.
j) Haz un estudio de los pronombres presentes en el texto.

 
 


 

 
 
TEXTO COMENTADO

de CÁNTICO, de Jorge Guillén.

 

"Dije: ¡todo ya pleno!
Un álamo vibró.
Las hojas plateadas
sonaron con amor.
Los verdes eran grises,           5
el amor era sol.
Entonces, mediodía,
un pájaro sumió
su cantar en el viento
con tal adoración                   10
que se sintió cantada
bajo el viento la flor
crecida entre las mieses,
más altas. Era yo,
centro en aquel instante          15
de tanto alrededor,
quien lo veía todo
completo para un dios.
Dije: todo completo.
¡Las doce en el reloj!"             20

 

SITUACIÓN

Dentro del Grupo del 27, la producción de Jorge Guillén es la que representa la tendencia pura de la poesía. La concisión es esencial. Con las menos palabras posibles se expresa el máximo de contenido. Cántico, título que abarca la mayor parte del quehacer poético de Guillén (la otra se denomina Clamor), alude al tono festivo, de júbilo y exaltación que adopta el poeta para cantar al mundo, que "está bien hecho", con palabras suyas. El poema presente se ajusta a esos postulados.

 

CONTENIDO

El poeta se encuentra en el centro del universo, viéndolo todo, completo y hermoso, como si fuera un dios. Es la hora perfecta: las doce del mediodía. Todos los elementos giran en torno suyo cantando al simple vivir, jubilosos y enamorados. El amor lo domina todo: las hojas del álamo, los verdes, el sol, el pájaro, el viento, la flor...Hay en el texto tres partes: dos simétricas, el principio (primer verso) y el final (los dos últimos), que insisten en la perfección de todo lo que rodea al poeta, y la más amplia, la central (versos 2-18), que enumera los elementos naturales y telúricos inmersos en su cántico de amor.

 

ANÁLISIS.

La estructura externa del poema está formada por veinte versos heptasílabos que riman asonantemente en los pares (ó aguda) formando un romancillo; así que su esquema estrófico es 7- 7a 7- 7a 7- 7a 7- 7a 7- 7a 7- 7a 7- 7a 7- 7a 7- 7º 7- 7a.  El encabalgamiento más amplio se da en los versos 8 al 14; los demás se hallan en los versos 3-4, 15-16, 17-18. Relacionada con la estructura interna del poema está la simetría del principio y el fin que forman una especie de estribillo, con alguna variante: "Dije: ¡todo ya pleno!" (primer verso), "Dije: todo completo." (verso 19). Simetría que se remata en el último verso: "¡Las doce en el reloj!" (hora del mediodía que causa el efecto entusiasta y amoroso retratado por el poeta en el resto de los versos). Respecto de los recursos expresivos de que se vale el poeta para intensificar el canto de todos esos elementos, destacan en primer lugar las personificaciones ("las hojas plateadas sonaron con amor", "el pájaro sumió su cantar en el viento con tal adoración", "se sintió cantada bajo el viento la flor"). Es de notar la metáfora, por su significación, "el amor era sol". Y los nombres del poema, todos referidos a elementos naturales, plantas, pájaros. Y las repeticiones (la más significativa, la de "todo". Y las elipsis ("todo completo" "las doce en el reloj" "todo ya pleno"). Y las exclamaciones (expresión de la emoción de alegría del poeta). Y el empleo del estilo directo para expresar lo que siente y el indirecto para hablar de él como centro de tanta dicha.

 

CONCLUSIÓN

Modelo de poesía pura, el texto cuenta y canta con las palabras justas la emoción inmensa que siente el poeta al sentirse centro de la belleza, júbilo y amor del universo, en consonancia con los temas de su principal libro Cántico.