jueves, 23 de octubre de 2014

CURSOS.- LA LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX (1)



TEXTOS DE INTRODUCCIÓN

"Magnífica definición la que Antonio Machado dio de la poesía --más mirando a la suya que a la ajena--: "Lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta al contacto del mundo." Precisamente lo que hizo que él se apartara en seguida de Rubén fue creer que éste buscaba nada más el colorido, la sensación, la sonoridad, el tema exótico, cuando él creía nada más que "en la honda palpitación del espíritu", desnuda en la más desnuda expresividad (...). Y él lo confiesa: "Me siento algo en desacuerdo con los poetas del día. Ellos propenden a una destemporalización de la lírica, no sólo por el desuso de los artificios del ritmo sino, sobre todo, por el empleo de las imágenes en función más conceptual que emotiva."
                                        (Nota preliminar firmada por F. S. M. a
                                        Poesías escogidas de A.    Machado, Aguilar, Madrid, 1958)

"Eran jóvenes que irrumpieron en el mundo literario español(...) con una proclamada conciencia innovadora y con un gran bagaje intelectual que no procedía sólo de la pasión autodidacta por la lectura sino también de la formación recibida en las aulas universitarias y del contacto con los círculos culturalmente más dinámicos del momento. Familiarizados con los clásicos españoles, tan valorados por noventayochistas e institucionistas, y con la poesía del "Fin de siglo" francés, realzada por la obra de Juan Ramón Jiménez, padre espiritual de todos ellos, muchos de estos jóvenes llegarán a ser también verdaderos profesionales de la docencia y de la crítica literaria. Tal es el caso de los llamados "poetas-profesores", entre los que se cuentan, entre otros, Salinas, Guillén, Dámaso Alonso y Gerardo Diego."                                        
                                R. Reyes Cano (Sevilla en la Generación del 27)

 "En cuanto a las promociones que han ido sucediéndose, cabría distinguir la que aparecía alrededor de 1935, es decir, poco antes de la guerra civil, alcanza su madurez en la década siguiente, y la que hacia 1945, o sea, al fin de la guerra mundial, acusa el influjo de la atroz crisis espiritual del momento, para evolucionar más tarde hacia lo que constituirá la nota más significativa de una tercera promoción en la década de 1950: el afán de realismo y el interés por el destino de la colectividad. Generalizando mucho, podríamos asignar un tono de serena confianza a la primera, de sombrío desasosiego a la segunda, y de áspera protesta, matizada de esperanza, a la tercera."
                                           J. García López (Historia de la Literatura)




 I. GENERACIÓN DEL 98 Y  MODERNISMO


Introducción

La Generación del 98 está formada por un grupo de escritores intelectuales nacidos entre 1860 y 1875 que tienen en común preocupaciones filosóficas, éticas y literarias cuya aspiración máxima es lograr la regeneración de España, y sienten profundamente la crisis nacional producida por el desastre del 98 en el que se perdieron las colonias de Ultramar. Adoptan como sistema de pensamiento el existencialismo y lo que éste conlleva: la angustia vital, la intuición o la voluntad de vivir y en el plano literario reaccionan contra el realismo y  naturalismo anteriores. Entre sus máximos representantes destacan Antonio Machado, Miguel de Unamuno o Pío Baroja.
El Modernismo, que es tanto una actitud de vida como un movimiento literario, representa una reacción contra el prosaísmo del mundo burgués, y sus miembros, cuyo mayor exponente es Rubén Darío, proponen como postulado esencial la exaltación de la belleza.
Siguiendo a Pedro Salinas, la Generación del 98 es un movimiento sobre todo español, analiza la realidad nacional y escribe una literatura de la vida preferentemente. Mientras que el Modernismo es cosmopolita, sintetiza elementos románticos, simbolistas y parnasianos y rinde culto al arte y los sentidos.
Los escritores de la Generación del 98 cultivan prácticamente todos los géneros literarios, desde el ensayo hasta la poesía, pasando por la novela y el teatro. Mientras que los representantes del Modernismo se inclinan por el cultivo de una poesía llena de musicalidad, elementos sensoriales, escapismo hacia lugares exóticos o referencias mitológicas




Galería de autores destacados (I)
 

Miguel de Unamuno (1864-1936) nació en Bilbao. Estudió Filosofía y Letras en Madrid. Fue catedrático de Griego y rector de la Universidad de Salamanca, ciudad donde residió hasta su muerte. Por sus ideas políticas fue desterrado a Fuerteventura por la Dictadura de Primo de Rivera. Recorrió España de cabo a rabo y viajó también por Italia, Suiza y Portugal.
Fue un gran poeta  como demostró en obras tan importantes como El Cristo de Velásquez, Rosario de sonetos líricos o Teresa, poemario dedicado a su esposa, del que entresacamos los siguientes versos:
“Te recitaba Bécquer; golondrinas
Refrescaban tus sienes al volar;
Las misma que piadosas hoy, Teresa,
Sobre tu tierra vuelan sin cesar.
Las mismas que al Señor, de la corona,
Espinas le quitaron al azar;
Las mismas que me arrancaron las espinas
Del corazón que se me va a apagar.
Golondrinas que vienen de tu campo
Trayéndome recuerdos al pasar,
Y cuya sombra acarició la hierba
Bajo que has ido al fin a descansar.”

Unamuno destacó también en la novela, entre cuyos ejemplos más importantes sobresalen San Manuel Bueno, mártir, que narra el problema de fe que tiene un cura de pueblo al que sus feligreses consideran un santo, o Niebla, a la que llamó el autor “nivola” y cuyo protagonista Augusto Pérez es el otro yo de Unamuno, el cual, ante la angustia que le produce saber que el novelista ha decido darle muerte, se rebela contra él y le dice:
“Pues bien, mi señor creador don Miguel, también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de la que salió. ¡Dios dejará de soñarle! Se morirá usted, sí, se morirá aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos, sin dejar uno. ¡Entes de ficción como yo, lo mismo que yo.”

Asimismo escribió un teatro esquemático y esencial (Fedra) y numerosos libros de ensayos en los que expresa con profundidad sus ideas sobre la raza, la inmortalidad, el sentimiento trágico de la vida o la existencia de Dios. Y también sus impresiones sobre el paisaje castellano intemporal (Andanzas y visiones españolas), artículos de crítica literaria (Vida de Don Quijote y Sancho), o  puramente filosóficos, como en Del sentimiento trágico de la vida, del que extraemos el siguiente párrafo:
La mente busca lo muerto pues lo vivo se le escapa; quiere cuajar en témpanos la corriente fugitiva, quiere fijarla. Para analizar un cuerpo, hay que menguarlo o destruirlo. Para comprender algo hay que matarlo, enrigidecerlo en la mente. La ciencia es un cementerio de ideas muertas, aunque de ellas salga vida. También los gusanos se alimentan de cadáveres. Mis propios pensamientos tumultuosos y agitados en los senos de mi mente, desgajados de su raíz cordial, vertidos a este papel y fijados en él en formas inalterables, son ya cadáveres de pensamientos. ¿Cómo pues, va a abrirse la razón a la revelación de la vida? Es un trágico combate, es el fondo de la tragedia, el combate de la vida con la razón. "

Su estilo es fuerte, atrevido, lírico a veces, áspero otras, dramático en ocasiones, pero siempre llamativo, un estilo de los que no caen en saco roto. Además su expresión está llena de paradojas, ironías, con resonancias etimológicas y palabras terruñeras, castizas.


 ***


José Martínez Ruiz “Azorín” (1874-1967) nació en Monóvar (Alicante). Cursó Derecho en Valencia, Granada y Salamanca. Se trasladó a Madrid, donde  trabajó de periodista.. Fue miembro de la R.A.E. y al llegar la guerra civil se marchó a  Francia. Transcurrida la contienda, regresó a Madrid, donde permanecería hasta su muerte.
Hizo incursiones en la novela, como lo demuestran los siguientes títulos: La voluntad, Antonio Azorín o Las cofesiones de un pequeño folósofo, de carácter autobiográfico y de la que copiamos las líneas siguientes: María Rosario, tú tenías entonces quince años; llevabas un traje negro y un delantal blanco; tus zapatos eran pequeñitos y nuevos.
“María Rosario, tú te ponías a coser en el patio, en un patio con un toldo y grandes
María Rosario, yo pienso a ratos, después de tanto tiempo, en tus manos blancas, en tus pies pequeños, en tu busto suavemente henchido; yo quisiera volver a aquellos años y oír el ruido de la máquina en ese patio, y ver tus ojos claros, y tocar con las dos manos muy blandamente tus cabellos largos. Y esto no puede ser, María Rosario; tú vivirás en una casa oscura; te habrás casado con un hombre que redacte terribles escritos para el juzgado; acaso te hayas puesto gruesa, como todas las muchachas de pueblo cuando se casan; tal vez encima de la mesa del comedor haya unos pañales....”
También cultivó el teatro de tipo fantástico (caso de Brandy, mucho brandy) y el ensayo, género en el que destacó con obras como Castilla, donde presenta temas comunes a otros compañeros de la Generación del 98, como la relación España-Europa, la idea de intrahistoria,  la del eterno retorno o la del paso inexorable del tiempo, que lo destruye todo. O La ruta del don Quijote, en la que el autor explica sus viajes por la Mancha, visitando en especial los lugares que sirven de marco a la obra de Cervantes. He aquí un breve fragmento:
“Ya llevamos caminando cuatro horas; son las once; hemos salido a las siete de la mañana. Atrás, casi invisible, ha quedado el pueblo de Argamasilla; sólo nuestros ojos, al ras de la llanura, columbran el ramaje negro, fino, sutil, aéreo de la arboleda que exorna el río, delante destaca siempre, inevitable, en lo hondo, el azul, ya más intenso, ya más sombrío, de la cordillera lejana. Por este camino, a través de estos llanos, a estas horas precisamente, caminaba una mañana ardorosa de julio el gran caballero de la Triste Figura; sólo recorriendo estas llanuras, empapándose de este silencio, gozando de la austeridad de este paisaje, es como se acaba de amar del todo, íntimamente, profundamente, esta figura dolorosa.”


 ***
Resultado de imagen de antonio machado


Antonio Machado (1875-1939) nació en Sevilla. Estudió en Madrid en la Institución Libre de Enseñanza. Viajó a París, donde conoció a Rubén Darío. Fue catedrático de francés en Soria; allí conoció a Leonor Izquierdo y se casó con ella; pero la muerte de su esposa sumió al poeta en un dolor profundo. Luego enseñó en Baeza, Segovia y Madrid. Republicano, al estallar la guerra civil, huyó a Valencia, después a Barcelona y, finalmente, a Collioure, donde murió a poco de llegar.

Escribió abundante obra en prosa, de la que destaca Juan de Mairena, que trata temas de carácter literario y filosófico. También, en colaboración con su hermano Manuel, escribió teatro, uno de cuyos títulos más representativos es: La Lola se va a los puertos, donde su protagonista, una agraciada bailaora, representa el alma popular española, eligiendo como marido a su guitarrista en vez de los señoritos que la cortejaban.
Pero es en la poesía donde se consagró. Su primer libro, Soledades, contiene rasgos modernistas, así como el simbolismo del paso del tiempo, el amor, el agua, la tarde o los caminos..., que se repetirán después. En muchos de sus poemas aparecen la tristeza, la monotonía o el canto de lo cotidiano y de las pequeñas cosas, que son motivos constantes en su poesía. He aquí una muestra:
Yo voy soñando caminos
de la tarde, ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón.”
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se obscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.”

Después apareció Campos de Castilla, su mejor obra, en la que se muestra, como sus compañeros de Generación, preocupado por el tema de España,  a la vez que canta el paisaje castellano, como en el apartado Campos de Soria o expresa su experiencia amorosa con Leonor, su joven esposa, que moriría al poco tiempo de casarse.
El siguiente libro, Nuevas canciones, expresa, adoptando las formas breves de la lírica tradicional española, los más profundos pensamientos con la menor sonoridad posible: temores, deseos, sentencias y reflexiones sobre la existencia humana.
Cierran su producción poética un Cancionero apócrifo, del poeta filósofo Abel Martín inventado por él, y Poesías de guerra, entre las que destaca la emotiva elegía al asesinato del poeta Federico García Lorca.
Más que los temas (el paso del tiempo, los recuerdos personales, el amor, el paisaje castellano, España...) lo que importa en Machado es la emoción profunda y austera que impregna su expresión. Sus versos, sentidos y sobrios, son muchos asonantados y octosílabos, aunque también emplea las combinaciones de heptasílabos y endecasílabos, los endecasílabos de sus sonetos y en ocasiones los alejandrinos. Además de los citados sonetos, sus estrofas más corrientes son las coplas, los romances y las silvas arromanzadas. Mucha de la poesía contemporánea española se siente hereditaria de la de Antonio Machado por su austera y sincera humildad y sencillez de forma métrica.

                              

        TEXTO COMENTADO
        POEMA DE ANTONIO MACHADO



"¿Por qué, decidme, hacia los altos llanos
huye mi corazón de esta ribera,
y en tierra labradora y marinera
suspiro por los yermos castellanos?
Nadie elige su amor. Llevóme un día    5
mi destino a los grises calvijares
donde ahuyenta al caer la nieve fría
las sombras de los muertos encinares.
De aquel trozo de España, alto y roquero,
hoy traigo a ti, Guadalquivir florido,    10
una mata del áspero romero.
Mi corazón está donde ha nacido,
no a la vida, al amor, cerca del Duero...
¡El muro blanco y el ciprés erguido!"




SITUACIÓN
Antonio Machado en Campos de Castilla incorpora los tres grandes temas de la Generación del 98: la preocupación histórica, el paisaje y el amor. Aquí aparecen los dos paisajes del poeta: el de su tierra natal, Andalucía, y el de Soria, donde se enamoró. El texto es el segundo soneto del grupo titulado Los sueños dialogados .


CONTENIDO
El poeta añora la meseta castellana en su tierra natal. El destino un día lo llevó a Soria para sentir el amor como nunca. De ahí que lleve a su Guadalquivir florido una mata de romero de las tierras sorianas. Confiesa que su corazón está donde conoció a su mujer y donde yacen sus restos. El contenido queda distribuido así: en la 1ª estrofa el poeta añora en su tierra natal los yermos castellanos; en la 2ª, el destino le lleva un día a enamorarse allí; en la 3ª, el poeta trae al Guadalquivir florido una mata de romero soriano; y en la 4ª, su corazón se encuentra donde conoció el amor y lo perdió.

  ANÁLISIS
Es un soneto poco común (cuarteto, serventesio, terceto, terceto); así que su esquema métrico es 11A 11B  11B  11A;  11C 11D 11C 11D; 11E 11F 11E;  11F 11E 11F. Los encabalgamientos se dan en los ocho primeros versos (el serventesio todo él es un encabalgamiento). Respecto de los recursos expresivos más destacables, el cuarteto constituye una interrogación retórica (afirma que su corazón huye de su tierra natal a la desnuda meseta castellana). El "huye" intensifica su nostalgia y constituye una personificación ("huye mi corazón"). En "Nadie elige su amor" el amor es una metáfora del destino.  Con sendas perífrasis se alude a los dos paisajes queridos por el poeta (Andalucía: esta ribera, tierra labradora y marinera; Soria: altos llanos, yermos castellanos, grises calvijares, nieve fría, encinares, aquel trozo de España alto y roquero...). En los tercetos leemos por fin  los nombres de los ríos de ambos paisajes. Léxico de Machado: altos llanos, mi corazón, tierra labradora, grises calvijares, nieve fría, sombras, muertos encinares, romero...; en "Mi corazón está donde ha nacido, no a la vida, al amor, cerca del Duero" se resume el tema y la afirmación-negación es un prodigio de asíndeton. Finalmente, los puntos suspensivos del verso 13 preparan la emoción expresada en el último verso, "¡El muro blanco y el ciprés erguido!", sentida metáfora que alude al cementerio soriano donde yace su joven esposa Leonor.

CONCLUSIÓN
Se trata, en resumen, de un soneto donde expresa Machado su amor por las tierras sorianas donde, ya mayor,  nació al amor y a la vida al conocer a la mujer que sería su esposa en una tierra y un paisaje, el de la meseta regada por el Duero, que siempre estaría presente en su poesía, pese a que allí también sufriera la terrible desaparición de su mujer. El amor y el paisaje, dos temas del  98, aparecen, pues en el poema que acabamos de analizar.

                        ***


Galería de autores destacados (II)

Pío Baroja (1872-1956) nació en San Sebastián. Durante su juventud residió en Pamplona y Madrid, donde estudió Medicina. Ejerció esta profesión en Cestona. Después se instaló definitivamente en Madrid (los veranos, en su casa de Vera de Bidasoa). Abrió una panadería y se dedicó al periodismo y a la literatura. Viajó por Europa. Fue miembro de la R.A.E. Solitario y de espíritu independiente, mostró siempre su desprecio por las convenciones humanas.
Escribió poesía, una colección de narraciones históricas, cuyo protagonista fue Eugenio Aviraneta, un libro de memorias y muchas novelas, entre las cuales destacan las siguientes: Zalacaín el aventurero, perteneciente a la trilogía Tierra vasca, refleja como ninguna otra el ideal del escritor: la acción frente a la reflexión, pues Martín Zalacaín, aventurero convencido e involucrado en la segunda guerra carlista, representa el hombre al que Baroja, tranquilo y pacífico, le hubiera gustado ser. Camino de perfección (de La vida fantástica) relata el camino de destrucción (al contrario del seguido por Santa Teresa de Jesús en su libro de mismo título) que sigue Fernando Osorio, personaje contradictorio, como Baroja, entre revolucionario y abúlico. La busca, perteneciente a la trilogía social La lucha por la vida, junto con otras novelas como Mala hierba, narra las vicisitudes del protagonista Manuel Alcázar en el Madrid de finales del siglo XIX, en un ambiente de pícaros, prostitutas y proletarios, por llegar a conseguir un trabajo y una vida de bienestar. O El árbol de la ciencia (de La raza), acaso la novela más representativa de Baroja pues, además de incluir rasgos autobiográficos del autor, muestra las inquietudes de la Generación del 98. En ella el protagonista, Andrés Hurtado se hace médico y ejerce durante un tiempo; sin embargo, decepcionado por las costumbres de la sociedad que le rodea, regresa a Madrid, donde tampoco encuentra descanso para su escéptico modo de ver la vida; cree, finalmente, hallar la solución en el amor y el matrimonio, pero primero la muerte de su esposa Lulú y luego la de su hijo, lo llevan al suicidio. He aquí un fragmento de la novela:
“La Venancia era una de esas viejas secas, limpias y trabajadoras; se pasaba el día sin descansar un momento.Tenía una vida curiosa. De joven había estado de doncella en varias casas, hasta que murió su última señora y dejó de servir. La idea del mundo de la Venancia era un poco caprichosa. Para ella, el rico, sobre todo el aristócrata, pertenecía a una clase superior a la humana. Un aristócrata tenía derecho a todo: al vicio, a la inmoralidad, al egoísmo; estaba como por encima de la moral corriente. Una pobre como ella, voluble, egoísta o adultera, le parecía una cosa monstruosa; pero esto mismo en una señorona lo encontraba disculpable.
A Andrés le asombraba una filosofía tan extraña por la cual el que posee salud, fuerza, belleza y privilegios tiene más derecho a otras ventajas que el que no conoce más que la enfermedad, la debilidad, lo feo y lo sucio. Aunque no se sabe la garantía científica que tenga, hay en el cielo católico, según la gente, un santo, San Pascual Bailón, que baila delante del Altísimo, y que dice siempre: “más, más, más”. Si uno tiene suerte le da más, más, más; si tiene desgracias, le da también más, más, más. Esta filosofía bailonesca era la de la señora Venancia.
La Venancia conocía toda la vida íntima del mundo aristocrático de su época; los sarpullidos en los brazos y el furor erótico de Isabel II; la impotencia de su marido; los vicios, las enfermedades, las costumbres de los aristócratas las sabía por detalles vistos por sus ojos.”

Baroja sacrificó lo académico y las normas gramaticales a cambio de lograr la exactitud, precisión, claridad y rapidez en sus novelas. Buen escritor del 98, mostró aborrecimiento por la grandilocuencia de la literatura del siglo XIX. Prefiere el habla corriente de la calle, el de la gente de acción y valiente del país Vasco o el de los habitantes de los barrios bajos de Madrid. Sus novelas reflejan fielmente el mundo que lo rodea. Y como lo que observa le parece negativo, por sus páginas desfila un hondo pesimismo, que no escatimó siempre que lo consideró necesario.


 ***
Resultado de imagen de valle-inclán

Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) nació en Villanueva de Arosa. Estudió el bachillerato en Pontevedra y Derecho en Santiago. Dejó los estudios y se fue a México, donde trabajó de periodista. Luego volvió a Galicia. En 1895 apareció en Madrid con sus típicos quevedos, melenas y barbas largas. Llevó una vida de bohemia y constantes disputas con otros escritores. Se casó con la actriz Josefina Blanco y viajó por América del Sur dirigiendo la compañía teatral de María Guerrero. Después alternó su vivienda entre Madrid y su tierra natal. Fue carlista, atacó a la Dictadura y sufrió cárcel varias veces. Fue director de la Academia Española de Roma. Finalmente, a consecuencia de un cáncer murió en Santiago de Compostela.
Escribió poesía de rasgos modernistas como Aromas de leyenda, y otra de marcado tono caricaturesco, muy cercano a lo que él llamó "esperpento", en el caso de La pipa de Kif. Sin embargo, supo mezclar ambos estilos en libros como El pasajero, del que entresacamos el peculiar soneto siguiente:
“¡Tengo rota la vida! En el combate
de tantos años ya mi aliento cede,
y al orgulloso pensamiento abate
la idea de la muerte, que lo obsede.

Quisiera entrar en mí, vivir conmigo,
poder hacer la cruz sobre mi frente,
y sin saber de amigo ni enemigo,
apartado, vivir devotamente.

¿Dónde la verde quiebra de la altura
con rebaños y músicos pastores?
¿Dónde gozar de la visión tan pura
que hace hermanas las almas y las flores?
¿Dónde cavar en paz la sepultura
y hacer místico pan con mis dolores?”


También cultivó el cuento, una de cuyas colecciones más conocidas es Jardín umbrío, donde se dan la mano historias de santos, ladrones, almas en pena, amores y asuntos mágicos y terroríficos como los titulados Juan Quinto o El miedo.
Y la novela, algunos de cuyos títulos más conocidos fueron las cuatro Sonatas, donde relata las aventuras del marqués de Bradomín en un ambiente refinado y sensual. En el grupo de novelas llamado El ruedo Ibérico trató de pintar la sociedad española desde finales del reinado de Isabel II hasta la llegada al trono de su hijo Alfonso XII, en una especie de crónicas novelescas documentadísimas en la historia y empleando rasgos esperpénticos. Mencionaremos también Tirano Banderas, que para muchos fue la primera novela esperpéntica del autor y donde mezcla sabiamente la temática ambiental, la acción y la crónica narrativa; la figura del tirano Santos Banderas fue precedente de El señor presidente, del guatemalteco Miguel Ángel Asturias.
Dentro del teatro cultivado por Valle-Inclán sobresale la tragicomedia esperpéntica Divinas palabras que, situada en la Galicia rural y mágica llena de feriantes y hechiceros, tiene como eje a Laureaniño el Idiota, un enano hidrocéfalo, que va en un carretón por ferias y romerías y cuya deformidad es explotada por los hermanos de su madre Juana la Reina, una vez fallecida ésta. Y Luces de bohemia, para muchos la mejor obra dramática de Valle-Inclán, explica la teoría del esperpento en boca del poeta ciego Max Estrella que, acompañado de Don Latino, personaje hipócrita y egoísta que le sirve de guía, adquiere altura clásica en medio de una sociedad degradada e innoble.  Leamos este breve fragmento:
“MÁXIMO  ESTRELLA se tiende en el umbral de su puerta. Cruza la costanilla un perro golfo que corre en zigzag. En el centro, encoge la pata y se orina: El ojo legañoso, como un poeta, levantado al azul de la última estrella.
MAX.- Latino, entona la canción.
DON LATINO.- Si continúas con esa broma macabra, te abandono.
MAX.- Yo soy el que se va para siempre.
DON LATINO.- Incorpórate, Max . Vamos a caminar.
MAX.- Estoy muerto.
DON LATINO.-¡Que me estás asustando' MAX.- , vamos a caminar. Incorpórate.¡No tuerzas la boca, condenado!¡MAX.- !¡MAX.- !¡Condenado, responde!
MAX.- Los muertos no hablan.
DON LATINO.- Definitivamente, te dejo.
MAX.-¡Buenas noches!”

 El estilo de Valle-Inclán empieza siendo modernista, musical y hecho para disfrute de los sentidos y acaba empapándose de ironía que lo transforma todo, paisaje, personajes y tema, en caricatura, dando paso así a lo que él denominó la teoría del esperpento, deformación sistemática de la realidad por medio de la mezcla de lo trágico y lo cómico y la búsqueda insistente de los contrastes y las disonancias.

                         ***

                        



Rubén Darío (1867-1916), máximo representante del Modernismo, nació en Metapa (Nicaragua) en el seno de una familia criolla. Estudió con los jesuitas y estuvo empleado en la Biblioteca Nacional. Cosmopolita y viajero, visitó América y Europa. En España introdujo el Modernismo y se relacionó con los escritores del  98. Ejerció el periodismo. Muy enfermo, volvió a su tierra para morir.

Aunque fue un gran prosista (La caravana pasa, Los raros, España Contemporánea…), fue la poesía la que le dio fama y reconocimiento. Su obra poética comienza con Azul, libro en el que hay prosa poética, cuentos, romances, silvas y sonetos alejandrinos como el titulado Caupolicán. Con Prosas profanas alcanza su máxima altura (colorido, musicalidad, alusiones mitológicas, palacios, princesas, cisnes…). La Sonatina es uno de sus poemas más representativos, escrito en sextinas y con rimas agudas y esdrújulas. También es memorable el Responso dedicado a su admirado Verlaine y escrito en alejandrinos y eneasílabos.
En  Cantos de vida y esperanza canta Darío a España y a Hispanoamérica con fe y optimismo. A este libro pertenecen algunos de los poemas más celebrados del autor, como Letanía de Nuestro Señor don Quijote, La marcha triunfal o La canción de otoño en primavera, que a continuación se copia:
 “Juventud, divino tesoro,
 ¡ya te vas para no volver!
 Cuando quiero llorar, no lloro...
 y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.
Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.
Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.
¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el Alba de oro!

***
Entre los poetas españoles adscritos al Modernismo, destacan entre otros Salvador Rueda y Manuel Machado. Salvador Rueda, malagueño (1857 -1933),  se adelantó a Rubén Darío como modernista y fue coronado en Cuba después de triunfar en América y Filipinas. De su obra poética recordamos los siguientes poemarios: En tropel, Cantos de la vendimia, Cuadros de Andalucía o Fuentes de salud, al que corresponde el famoso soneto dedicado a La sandía:
“Cual si de pronto se entreabriera el día
despidiendo una intensa llamarada,
por el acero fúlgido rasgada
mostró su carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía
la larga y deslumbrante cuchillada,
como boca encendida y desatada
en frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada, señalando
las fue el hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.

Las separó la mano de repente,
y de improviso decoró la fuente
un círculo de rojas medias lunas.”


 

Manuel Machado (Sevilla, 1874-Madrid, 1947), hermano del autor de Campos de Castilla, marcha con él a Francia para hacer ambos de traductores de una editorial y en París traban amistad con Rubén Darío. A su vuelta a Madrid, Manuel es bibliotecario del Ayuntamiento y académico de la Lengua. Aunque destaca en el teatro que escribió en colaboración con Antonio (Desdichas de la Fortuna o Julianillo Valcárcel, La Lola se va a los puertos o La duquesa de Benamejí), su verdadera vocación es la poesía, cuyo cultivo empieza ya en 1900 con el libro Alma, el mejor sin duda, al que siguen otros de alta calidad como La fiesta nacional, El mal poema, Cante hondo, Ars moriendi o Apolo. He aquí una muestra perteneciente a Alma:


Felipe IV

Nadie más cortesano ni pulido
que nuestro Rey Felipe, que Dios guarde,
siempre de negro hasta los pies vestido.

Es pálida su tez como la tarde,
cansado el oro de su pelo undoso,
y de sus ojos, el azul, cobarde.

Sobre su augusto pecho generoso,
ni joyeles perturban ni cadenas
el negro terciopelo silencioso.

Y, en vez de cetro real, sostiene apenas
con desmayo galán un guante de ante
la blanca mano de azuladas venas.

***

                         TEXTO COMNTADO
                          Fragmento de Mala hierba, de Pío Baroja.


                          Resultado de imagen de pio baroja 

 
“La superioridad del espíritu de Langairiños no le permitían suponer que un hombre que no fuera él valiese más que otro.
Su obra maestra era un artículo titulado “Todos golfos”. Se trataba de una conversación entre un maestro del periodismo –él—y un aprendiz de periodista.
Aquel derroche de sal ática terminaba con este rasgo de humor:
El aprendiz.- Hay que tener principios.
El maestro.- En la mesa.
El aprendiz.- Hay que decir con verdadera crudeza al país.
El maestro.- Se le van a indigestar. Acuérdese usted de los  garbanzos de la casa de huésped.
El Superhombre escribía siempre así, de un modo terrible, shakesperiano.
A consecuencia del desgaste cerebral producido por sus trabajos intelectuales, el Súper se encontraba neurasténico, y para curar su enfermedad tomaba glicerofosfato de cal en las comidas y hacía gimnasia.”

SITUACIÓN
Pío Baroja es el novelista por excelencia de la Generación del 98. Entre sus novelas destaca Mala hierba, perteneciente a la trilogía La lucha por la vida, donde Manuel Alcázar, el protagonista, lucha en un Madrid difícil por salir adelante. En su camino se encuentra a personajes curiosos como el Langairiños del texto.

CONTENIDO
El texto en su concisión, exactitud y brevedad se limita a retratar al periodista Langairiños en dos apartados: en el primero se alude a sus aires de superioridad, ironía, ocurrencia, y con estilo shakesperiano... Conviene citar el título de su obra maestra, Todos golfos, por lo que aporta; en el segundo apartado se habla de su enfermedad y sus causas ( está neurasténico por el desgaste cerebral que implica su trabajo; por ello se ve obligado a medicarse y hacer gimnasia.

ANÁLISIS
El narrador, omnisciente, habla de Langairiños en tercera persona y en pretérito imperfecto (propio de la descripción: no le permitían suponer, era, terminaba, escribía, se encontraba, tomaba...), excepto en el diálogo (perífrasis obligativas en presente). Hay dos lenguajes diferentes: el del retrato de Langairiños (que se hace de dos maneras: por lo que dice de él el narrador omnisciente y por lo que dice de él el maestro de periodismo, que es el propio Langairiños en el texto teatral) y el del diálogo. Nótese la perífrasis del primer párrafo para decir que no había nadie superior a él) o la ironía en sus réplicas al aprendiz; la primera, "en la mesa"( a la afirmación de  "hay que tener principios"); y la segunda, respecto a criticar duramente al país, con la referencia a la indigestión de los garbanzos de la pensión. Que no es otra cosa que una metáfora (crítica dura al país=indigestión alimenticia). Asimismo, conviene destacar la presencia del narrador omnisciente en el juego que hace con los apodos del maestro periodista y su superioridad (Superhombre, Súper). también emplea el narrador el tono de zumba en el último párrafo del texto ("desgaste cerebral producido por sus trabajos intelectuales"). No podían faltar las referencias médicas tan abundantes en la novelística de Baroja (desgaste cerebral, neurasténico, enfermedad, glicerofosfato de cal...)

CONCLUSIÓN
Este texto es un ejemplo de la eficacia de expresión del autor vasco. Con las menos palabras posibles, la exactitud, la claridad y la rapidez que le caracterizan, retrata el modo de ser, de hacer y decir del periodista Langairiños.

 

sábado, 11 de octubre de 2014

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA Bicentenario de su nacimiento



 


Conviene que recordemos que este año se está cumpliendo el bicentenario del nacimiento de la poetisa cubana, afincada finalmente en nuestro país, Gertrudes Gómez de Avellaneda (Camagüey, 1814- Madrid, 1873). Adscrita al Romanticismo y precursora del feminismo en España, vino a nuestro país con su familia en 1836. A punto de zarpar el barco, escribió el conocido soneto Al partir, cuyo primer cuarteto es el que sigue:
“¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo
como cubre el dolor mi triste frente. “
En España se estableció primero en La Coruña, donde escribió, entre otros, los poemas A la poesía, Al jilguero y La serenata y sufrió la ruptura con su novio al enterarse éste de que escribía poesía. Después se trasladó con su hermano a Sevilla, donde publicó, gracias a la amistad con don Alberto Lista, nuevos versos en los periódicos de la ciudad hispalense y de Cádiz con el seudónimo La peregrina, que la hizo popular. Aquí fue donde conoció al amor de su vida, Ignacio de Cepeda y Alcalde, al que dedicó cartas y otros escritos. Aunque cultivó también el teatro (su primer drama, Leoncia, se estrenó en 1840 en Sevilla), o la novela (un ejemplo es Sab, considerada la primera novela esclavista de la historia), debe su fama a la poesía pues en Madrid, ciudad en la que se instaló definitivamente en 1841, publicó su primer volumen titulado Poesías. En la capital de España conoce al poeta Gabriel Tassara, del que se enamora perdidamente y con el que tiene una niña, María,  pero su vida se convierte en un infierno porque el poeta no le corresponde y finalmente la abandona, a la vez que la niña, que había nacido enferma, muere a los siete meses de edad. Eso ocurrió en 1845. Al año siguiente la poetisa se casa con el que entonces era Gobernador civil de Madrid, Pedro Sabater, que padecía una terrible enfermedad, a consecuencia de la cual acabará muriendo en sus brazos en Burdeos, tras volver de París adonde habían viajado en busca de la curación del hombre. Desesperada, Gertrudis se refugia en un centro espiritual de Burdeos perteneciente a la congregación de la Sagrada Familia. Escribió varios poemas dedicados a su marido muerto y publicó en 1850 la segunda edición aumentada de Poesías. Se volvió a casar seis años más tarde con Domingo Verdugo, coronel y político de bastante influencia en la época, y en 1858, a causa del fracaso del estreno de otra de las comedias de la escritora, que Verdugo achacó a la intervención del intrigante político Antonio Ribera, se pelearon ambos en la calle y el marido de la escritora resultó gravemente herido. El matrimonio viajó a Cuba, para que el clima benigno de la isla curara las heridas del coronel, y allí la Avellaneda fue homenajeada y nombrada poetisa nacional en el Liceo de La Habana. Al poco tiempo la muerte de Verdugo acentuó la espiritualidad de su viuda, que acabó regresando a España. Finalmente, Gertrudis Gómez de Avellaneda murió en Madrid a los 58 años de edad. Hoy sus restos, junto con los de su último esposo y su hermano, descansan en el cementerio de San Fernando de Sevilla. En su poesía destacan los temas relacionados con el amor y con la devoción religiosa. He aquí una muestra que recoge ambas vertientes:

A Él

“No existe lazo ya: todo está roto:
 plúgole al cielo así: ¡bendito sea¡
 Amargo cáliz con placer agoto:
mi alma reposa al fin: nada desea.
Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos:
¡nunca, si fuere error, la verdad mire!
Que tantos años de amarguras llenos
trague el olvido: el corazón respire.
Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo
una vez y otra vez pisaste insano...
Mas nunca el labio exhalará un murmullo
para acusar tu proceder tirano.
De graves faltas vengador terrible,
dócil llenaste tu misión: ¿lo ignoras?
No era tuyo el poder que irresistible
postró ante ti mis fuerzas vencedoras.
Quísolo Dios y fue: ¡ gloria a su nombre!
Todo se terminó, recobro aliento:
¡Ángel de las venganzas!, ya eres hombre...
ni amor ni miedo al contemplarte siento.
Cayó tu cetro, se embotó tu espada...
Mas, ¡ay!, cuán triste libertad respiro...
Hice un mundo de ti, que hoy se anonada
y en honda y vasta soledad me miro.
¡Vive dichoso tú! Si en algún día
ves este adiós que te dirijo eterno,
sabe que aún tienes en el alma mía
generoso perdón, cariño tierno.”

sábado, 4 de octubre de 2014

PULLAS DEL LICENCIADO BANDEYA





Me he llevado una gran alegría cuando el licenciado Bandeya, antiguo amigo del Insti de Zamora, se ha vuelto a poner en contacto conmigo. Esta vez ha sido para decirme que, como a mí no me va meterme en las  politiquerías a las que tanto está aficionada la gente en general, se prestará a mandarme sus pullas, por si quiero publicarlas en este blog. Y mira por dónde acepto encantado, avisando de antemano que de ningún modo me responsabilizo de lo que diga en ellas. Así que ahí van las primeras PULLAS DEL LICENCIADO BANDEYA.

España está embarcenada,
¿quién la desembarcenará?
Y mientras se desembarcena,
algún obrero verá
cómo pierde su trabajo
o su casa, igual les da
a quienes con guante blanco
roban a la sociedad.
España está embarcenada,
¿hasta cuándo durará
esta farsa de unos pocos
que viven de los demás?


¡Desobediencia Civil!,
gritan a los cuatro vientos
los cuatro politiquillos
que oponen su sentimiento
personal a los destinos
que ha elegido todo el pueblo.
¡Desobediencia Civil!
Balidos de cien borregos
que repiten cantinelas
de viejos y rancios sueños.
Pastad mientras haya hierba,
¡pronto pastaréis viento!


Cataluña anda revuelta:
quiere ser un nuevo estado
dirigido por El Junco,
que es un estadista nato.
Entiende de economía:
dos más dos no suman cuatro
porque lo dice el TC
que siempre actúa restando.
Entiende de sanidad:
no te pongas nunca malo
porque el fondo de las curas
es para el cine fantástico.
Y no hablemos de enseñanaza,
de la que es diestro tan sabio
que da vuelos al cigüeño
enterrando al castellano.
Con un marinero así,
le sobra el timón al barco.
¡La Ínsula Barataria
dádsela a este nuevo Sancho!





¡Qué bien os va el carnaval!
Disfrazados de sotana,
en una mano el misal
y en la otra la guadaña,
sembráis entre los ilusos
vuestra política santa,
la del corazón perdido
entre ruinas y batallas,
mientras vais robando a Hacienda
con piel de familia honrada.
¡Y la que os robaba siempre
era vuestra odiada España!




 


lunes, 29 de septiembre de 2014

PINCELADAS LONDINENSES (I)

¡Cómo vuela el tiempo! ¡Ya  han pasado cuatro meses de nuestro viaje a Londres! Pero aún tengo presentes muchos buenos momentos pasados en la sorprendente capital del Reino Unido. Un buen ejemplo de ello son estas PINCELADAS impresionistas que fui escribiendo allí.





Comer al aire libre sobre el césped de St. James al amparo de un plátano centenario es vivir el tiempo sin que pase de largo a la vez que te sientes más joven y más libre, como las ardillas, que a su antojo se mueven vivarachas de aquí para allá sin miedo a los visitantes.

Al Victory’s Park le han robado momentáneamente los burgueses de Rodin.

En la Tate Gallery puedes encontrar desde puertas de automóvil tiradas sobre el parquet hasta restos sublimes del alma de William Blake.

Hay madera suficiente para abastecer mil hogueras de San Juan. Pero también un Rossetti que te levanta encendido del suelo.

Y un atleta luchando a muerte con una Pitón () apartando con su brazo derecho extendido las fauces abiertas de la serpiente.

Y un Grupo familiar, inseparable, de Moore.







Y un soberbio Autorretrato de Turner que te obliga con su mirada determinante a que te quedes en su sala para entrever el Castillo de Morttam entre la niebla amarillenta.

En casi todas las nieblas de Turner late el alma de las ciudades antiguas, Venecia entre ellas.

Sensación la que causa esta luz viajera, que amanece en las montañas y muere en el mar.

Sólo por regalar a la mirada esta Creación de Adán de Blake, la Tate merece figurar en el cuadro de honor de los museos del mundo.

O su Piedad, acompañada de estos dos magníficos corceles blancos que vuelan.

O en el colmo del estremecimiento, su Casa de la Muerte.

De pronto hay que sentarse unos segundos para evitar que los sueños del artista te arrastren con sus misterios arrebatadores.

Una forma relajada de vivir Londres es beber Londres en sus distintas cervezas.




Con sus cuatro ojos, permanentemente abiertos, el Big Ben lo ve todo.

Tumbado sobre la hierba de la Abadía de Westminster, cierro los ojos unos minutos para descansar de la abigarrada y abundante belleza que llevan acumulada en sus retinas, y cuando los abro de nuevo entreveo el cielo azul y limpio entre las ramas de los árboles, fuente de claridad que destaca todo principio de belleza.

Si St. Margaret Church tuviera pies (le sobra corazón para hacerlo), se iría a otro barrio antes de seguir apabullada su sencilla modestia (pese a ser lugar de casamiento de ilustres personajes  de la historia británica) por la exuberante arquitectura de la Abadía, que a su lado requiere toda atención.

Aún no he visto, cosa rara (y eso que Londres posee una fauna rica y variada), un solo perro por aquí (¡qué diferencia respecto a nuestro país!).

Al Mandela de bronce que ocupa un pilar de la plaza lo han retratado con la boca abierta y una mano extendida como si fuera un cantaor flamenco (bronce bien distinto del que esculpió Walters y que fue colocado delante del Royal Festival Hall en 1985, rostro serio que confirma su frase “La lucha es mi vida”).

Iniciar la visita de la Nacional Gallery por el magnífico dibujo de Leonardo da Vinci de la Virgen y el Niño con santa Ana y san Juan Bautista es entrar a corazón abierto en el misterio del arte. Es como asistir al nacimiento de la luz en la cueva de Platón.

Y continuar por Rafael es encontrarse de golpe rodeado por la misma claridad que alumbra los silencios del alma sobrecogida por la devoción.

Claro que enseguida La Mofa de Cristo (en vez de llamarse la Coronación de espinas) del Bosco nos conduce al otro arte, al del guiño de la ironía y el humor, haciendo así una especie de greguería de la belleza, con esos rostros cercanos al cómic de los cuatro sayones que se burlan de la figura del Salvador.

La Venus de Boticelli se ha vestido después de llegar a tierra desnuda a bordo de una concha gigante para velar la siesta de Marte (dicen que dios de la guerra, si bien en este cuadro cualquiera puede imaginarse a qué guerra se refiere). ¿En qué estarán pensando los risueños faunillos que se entretienen jugando con las armas de guerrero semejante?

El gigantesco Gallo azul subido a un pilar de la Trafalgar Square, a pocos pasos de la columna donde Nelson sueña eternamente con su gloria, debe tener en vilo por las noches al dormido Almirante. ¡Como le dé por soltar repentinamente su enorme quiquiriquí!

El placer que proporciona, después de un día agotador de descubrir historia y arte por medio Londres, una suculenta hamburguesa de la tierra sólo es comparable a la visión de ver caer lentamente la noche sobre el Soho poco antes de coger la cama.

Lo peor de Londres por la noche es sin duda tener el apartamento encima mismo de un pub.

Las colas de gente en la capital del país son tan típicas como los teléfonos rojos plantados en mitad de las calles. Enternece ver a los ejecutivos formar colas inmensas para comprar la comida al mediodía minutos antes de refugiarse con las bolsas en un jardinillo delante de una iglesia o en las praderas de un parque para comer.

Pero asustan verdaderamente por las noches las colas que hacen los bebedores de cerveza en las aceras de los pubs.

La escalera del apartamento huele tanto a humedad y moho, que me entran ganas de rebautizar el barrio con el nombre de Moho, en lugar de Soho.

A Pórtland Place se ha venido a vivir todo el siglo XVIII en pleno (en arquitectura debo añadir): ménsulas, columnas, carneros, semicírculos en las puertas, ladrillo marrón, almohadillado, balconajes de hierro forjado, miradores blancos… Vamos, el estilo de los hermanos Adam omnipresente.

En el silencio y sosiego de Regent’s Park unos troncos muertos, alineados por la mano creadora del hombre, duermen sobre el césped.

Cantan cerca los chorros de las fuentes y los acompañan los ecos de nuestros pasos recorriendo los paseos.

Hay jarrones grandes que sirven de jardineras con tierra nueva para dar vida a plantas que adornarán en un futuro próximo esta callada belleza vegetal.

Y rápidas e inquietas ardillas solitarias que corretean en los parterres sin asustarse de nosotros, verdaderos intrusos en esta paz que a ellas les pertenece.

Cuatro leones alados que mantienen las fauces abiertas aguantan con sus lomos una jardinera de aire dieciochesco.

Al final del paseo una fuente habla en voz baja para no molestar a una solitaria lectora que ocupa el cenador cercano.

El pequeño jardín de St. John Lodge incita a dar un paseo romántico por sus rincones ya desde su entrada, enmarcada por arcos enredados por clemátides.

Una jardinera con trompetas de ángel subida a una columna parece cerrar nuestros primeros pasos en un arco de tejos como valla.

Pero al llegar, nuestros ojos descubren a la izquierda otro recinto del jardín, donde nos espera una ardilla solitaria con las manitas levantadas.

En el centro se levanta, sobre una pila de agua muda, el grupo escultórico dedicado a Hylas, el argonauta que cayó en manos de las sirenas y murió ahogado en  el río Ascanio, situado en sus dominios subterráneos. Aquí vemos al infortunado Hylas luchar en vano por librarse de la sirena que lo abraza por las piernas.

Me ve escribir estas notas un mirlo que salta sobre el césped llevando un frutito en su pico.

“A todos los defensores de los desvalidos”, leo en el monumento en el que la estatua de una pastora lleva un corderillo bajo el brazo. Con una vara en la otra mano, subida en su pedestal me mira con sus ojos compasivos. Debo parecerle un ser indefenso.

Éste sin duda es un jardín secreto, donde hasta un tronco seco duerme la paz de sus viejos recuerdos en un rincón escogido expresamente para él.

Donde los pétalos de las rosas (aún conservo uno entre las páginas de mi libreta) salpican de blanco, a modo de nieve vegetal, el césped del paseo.

Donde un banco de madera, dedicado a un personaje que visitó este jardín (en Londres es una costumbre generalizada clavetear una plaquita dedicada a una persona en los bancos de los parques, jardines, incluso grandes avenidas), nos invita a sentarnos y a meditar sobre lo que estamos viviendo.

Donde un grupo escultórico formado por dos rostros que se miran titulado “Despertad” recuerdan a una tal Ana Lydia Evans (1929-1999) que compartió el secreto de este jardín.

Mientras iniciamos el camino de salida, siento pena dejar este puerto de paz ante la inminencia de verme otra vez en brazos del mar trepidante de Londres, que me espera ansioso.

lunes, 15 de septiembre de 2014

CON MIGUEL DELIBES





Durante este verano (queda poco ya de él y aún me falta la lectura de algunos libros que había planeado leer) me he dedicado a releer a los autores españoles que  más me dicen al corazón. Uno de ellos es sin duda Miguel Delibes de quien destaco  
LA LITERATURA EN UN AÑO DE MI VIDA

Un año de mi vida (Destino, 1972) es un libro muy peculiar de Miguel Delibes (1920-2010). Escrito a solicitud de su amigo y editor José Verges, recoge impresiones vividas durante un año casi justo, desde el 26 de junio de 1970 al 20 de junio de 1971, por el autor de, entre otros, El camino, Las ratas, Con la escopeta al hombro, USA y yo, Parábola de un náufrago o Cinco horas con Mario. Impresiones que van desde el mundo político hasta el deportivo pasando por asuntos ecológicos, que siempre preocuparon a Delibes, o literarios, que son los que le tuvieron ocupado la mayor parte de su vida.
Los asuntos literarios que aparecen en Un año de mi vida presentan un abanico muy amplio y van desde las meras lecturas del propio Delibes hasta comentarios sobre su obra, pasando por semblanzas de escritores conocidos y muchas veces amigos del autor y conferencias u opiniones sobre la narrativa en general. Siguiendo esta clasificación, un tanto cogida por los pelos, distribuiré este modesto trabajo en cuatro grandes apartados: 1, Lecturas de Delibes; 2, Comentarios sobre su obra, tanto referidos a sus contenidos como a su forma, técnica y estilo;  3, Semblanzas de escritores; y 4, Conferencias y opiniones ajenas y propias sobre la narrativa.

1. Entre las lecturas efectuadas por Delibes en ese año de su vida, destacan las siguientes:
“Relato de un náufrago”, de Gabriel García Márquez (14 de julio de 1970) “Hoy leí “Relato de un náufrago”, de Gabriel García Márquez. Estos cuadernos de Tusquets Editor son un acierto (el epistolario sentimental de Freud era una delicia). La narración del desastre marinero es tan viva y vigorosa que me mareé” (según Delibes eso de marearse le había ocurrido viendo una película pero nunca leyendo un libro).
“Olas sobre una roca desnuda”, de Terenci Moix  (29 de julio de 1970). “Oliveri, el protagonista, afirma que es el residuo de una sociedad burguesa que él no ha creado y, por tanto, no es responsable, pero yo pienso que es un cínico, ya que si la sociedad que nos ha engendrado no nos agrada, lo que hay que hacer es trabajar para cambiarla, no huir. A mí los ideales burgueses me deprimen, pero los del heredero de estos ideales, el joven Oliveri, sencillamente me revuelven las tripas. (…) Afortunadamente, Moix, con mucho talento, expone únicamente la actitud de un pequeño sector juvenil. El libro revela a un buen escritor. La mezcla del lenguaje culto con el taco (…) está aquí bien administrada. El epistolario de Oliveri es interesante. Se me ocurre que quizá por aquí puede encontrar una salida la novela moderna. La obra participa del relato, el ensayo e incluso la poesía, esto es, más o menos, como el “Nouveau roman”, pero el libro de Moix es mucho más enjundioso y penetrable que éste.”
 “Las memorias de Mosby”, de Saul Bellow  (22 de agosto de 1970). Después de afirmar que el libro está bien y que, según ha leído en “El Norte”, su última novela es un “best seller” en Norteamérica, de lo que se alegra mucho, añade: “A mí Bellow me parece un gran caracterizador de tipos: el más directo heredero de Steinbeck. Es duro pero tierno y, cosa importante, su sentido del humor está muy desarrollado. Cada día admiro más a los escritores con sentido del humor. Será porque escasean. Pero para exponer problemas graves no juzgo imprescindible la gravedad. El neorrealismo italiano nos mostró auténticas llagas con la sonrisa en los labios. Eso es el talento.”
“Los rusos de hoy”, de Leonid Vladimorov (4 de septiembre de 1970). “La lectura me ha interesado, aunque el libro, sin pretensiones filosóficas por supuesto, es demasiado esquemático e incompleto. De todos modos, después de lo visto en Checoslovaquia, lo de Rusia no me ha sorprendido. Los miembros del partido equivalen a los privilegiados en los sistemas capitalistas. Su dios también es la producción. El hombre sirve a las máquinas. Y los desheredados, como en Occidente, viven hacinados esperando ocho o diez años a que el Estado-padre les ceda un piso de treinta metros cuadrados. El capítulo referente al control de la Prensa lo podía haber escrito yo. Es la misma cosa.”
 “San Camilo”, de Cela (20), La antinovela, de Bernard Pingaud (21), Conversación en la Catedral, de Vargas Llosa (27), La sociedad del futuro en Pérez de Ayala, Huxley y Orwell, de María Teresa Font (29), El Giocondo, de Umbral (37), Jusep Torres Campalans, de Max Aub (40), Celtiberia, de Luis Carandell (43), Sobre la libertad, de Stuart Mill (44), Contrapunto, de A. Huxley (49), Almuerzo desnudo, de Williams Burroughs (54), Love Story, Eric Segal (57), 30 años de teatro de la derecha, de José Monleón (63), Galimatías y tomaduras de pelo, ensayo de J. Ferrater Mora (65), Retrato político de los USA, de Pierre Dommergues (71)

2. Entre los comentarios o estudios (tesis, tesinas, etcétera) de la figura de Delibes o de sus obras hechas por investigadores de todo el mundo o por él mismo, apuntan las siguientes:
“Las guerras de mis antepasados” (8 de julio de 1970). Estando una temporada en Sedano, localidad a la que Delibes iba mucho para encontrar la calma que necesitaba en medio de su ajetreo literario, se lleva allí las notas “para escribir una nueva novela – “Las guerras de mis antepasados”, aunque añade enseguida: “No creo que me meta con ella. Me encuentro cansado. Con la correspondencia, preparar un prólogo que me pide el “Reader’s Digest” para un libro de viajes, colaboraciones, visitas y viajes a Valladolid tengo bastante.”
“La mortaja” (25 de julio de 1970). Dos muchachos cineastas de Madrid van a verlo a su casa para proponerle hacer una película sobre “La mortaja”. Nos recuerda que también un mes antes otro cineasta le propuso hacer otra película sobre “Parábola de un náufrago”. Sobre la realización de una y otra, Delibes dice: “La mortaja” es un tema muy leve (si el espectador no se interesa por que el niño logre vestir a su padre muerto, el filme fracasará) y delicado. Más difícil aún me parece  la “Parábola”. Aquí, si los recursos empleados para comunicar al espectador la angustia del cerco son inadecuados, la película puede caer en lo grotesco y salir el tiro por la culata.” La película sobre “La mortaja” (con el mismo nombre y dirigida por José Antonio Páramo) salió en 1974.
 “Miguel Delibes: Development of a writer, de Edgar Pauk (10 de agosto de 1970). Se trata de un volumen de más de 500 folios que el propio Edgar Pauk muestra al autor en su casa. Allí, preguntado por el investigador “¿Qué tiene Viñó contra usted?”, Delibes le contestó que nada, y añadió: “Son dos maneras diferentes de entender la trascendencia. Para él llamar Pierre al protagonista de una novela, ambientarla en París y arrancar diciendo: “Hoy he roto con Dios” es muy trascendente. Para mí, la trascendencia depende de la carga humana de la novela, aunque el protagonista se llame Crescenciano.” Después de cenar charlaron un rato y Pauk le explicó el trabajo, “ya que yo no leo inglés”, y a Delibes le pareció bien orientado. De hecho, la tesis de Pauk acabó en el libro “Miguel Delibes: desarrollo de un escritor (1947-1974)”, que publicó la editorial Gredos en 1975. Tiene los siguientes apartados: 1, Introducción, con dos epígrafes, uno dedicado a la novela española desde 1860 hasta el momento en que Delibes apareció en el panorama narrativo, y el segundo, a la biografía del escritor vallisoletano. 2, Análisis de obras, a su vez estructurado en A) La formación del hombre (1947-1949), donde se analizan “La sombra del ciprés es alargada” y “Aún es de día”. B) El hombre en la sociedad (1950-1961), donde se analizan, entre otras,  “El camino”, “La partida”, “Diario de un cazador”, “Siestas con viento sur”, “Diario de un emigrante” y “La hoja roja”. C) El hombre y la sociedad (1962-1968), con los análisis de obras como “Las ratas”, “La mortaja”, “El libro de la caza menor”, “USA y yo”, “Cinco horas con Mario” y “La primavera de Praga”, entre otras. D) La sociedad y el hombre, donde se analizan, entre otras, “Parábola de un náufrago”, “Con la escopeta al hombro”, “Un año de mi vida” y “El príncipe destronado”. Y la última parte del libro se llama Temas, que tiene a su vez los siguientes apartados: Dios y la muerte, La naturaleza, El calor humano, La justicia social, Lenguaje y técnica narrativa y Humor e ironía. Una conclusión clarificadora sobre la significación de Delibes y una copiosa bibliografía cierran magistralmente el volumen.
 Tesis sobre su obra, de Ramona Trullols (20 de agosto de 1970). Esta profesora dominicana que ejerce en Nueva York y prepara una tesis sobre la obra de Delibes, durante una comida en Valladolid, habló con el escritor de la posición de éste respecto del progreso. “Yo le dije que mi punto de vista era claro: las máquinas deben ayudarnos, deben servirnos, pero no deben esclavizarnos (y la TV es para mí una máquina más). Por eso aquellos que juzgaron reaccionaria mi actitud frente al Daniel de “El camino”, deben reconsiderar sus juicios después de Marcuse, de la deshumanización creciente que nos envuelve.”
“Diario de un cazador”, “Diario de un emigrante” (6 de septiembre de 1970) Delibes nos confiesa que de la visión de una perdiz albina en el camino de Mazuelos y de la que tenían disecada en su casa Luis y Tati Herrero, amigos personales, escribió él un episodio de su “Diario de un cazador”. Y que de un tío de los Herrero tomó el personaje de don Juanito de su “Diario de un emigrante”, aquel que cuando le arriman a la cara una guindilla se pone a sudar la gota gorda. Y añade, a modo de conclusión, “es curioso, después de escribir una veintena de libros, analizar lo que hay en ellos de autobiográfico, de observado o de inventado. Creo que el novelista mezcla proporcionalmente lo que vive, lo que ve y lo que imagina. En sustancia pienso que el arte de novelar consiste en acertar a ensamblar estos materiales de distinta procedencia en una misma historia.”
 “Cinco horas con Mario”, tesis de Maria Elena G, de Jesús (7 de septiembre de 1970). La tesis de esta estudiosa brasileña se titula exactamente “Cinco horas con Mario: una problemática”, y en ella, según Delibes, logra hacer un análisis muy lúcido de su novela. “Ella hace ciencia o, por mejor decir, psicología, sociología y filología de lo que en uno no es más que intuición. María Elena analiza los caracteres de Carmen  y Mario a través de dos vertientes que ella considera claves en el libro: la erótica y la económica. Los métodos psicoanalíticos y estructuralistas que utiliza exceden mi capacidad de comprensión. Aunque al buen tuntún, me cabe la satisfacción de haber dado en el clavo al elegir los símbolos que tipifican a Menchu.”
 Evolución de su obra, tesis de Jean Tena (16), Permiso para incluir un cuento suyo en una antología para estudiantes americanos, de la Universidad de Florida (17), Psicología de Delibes a partir del estudio de su letra, de Santiago Álvarez (19), Parábola de un náufrago, de Vintila Horia (22), Evolución de su obra, de Jean Tena (23), (ver también 16), Parábola de un náufrago, de Josefa Rivas (24), (ver también 22), los Libros de Viajes (26), El libro de la caza menor (28), Parábola de un náufrago, de Jean Tena (30) (ver también 24 y 22), Sobre su estilística, de Isabelle Schousboë (34), USA y yo, edición americana (36), Con la escopeta al hombro (38), Novela española de nuestro tiempo, de Gonzalo Sobejano (41), La naturaleza en su obra, de Edith Lavrut (46), Su biografía, de Umbral (48), La evolución de la novela española de posguerra a través de cuatro autores: Aldecoa, Sueiro, Umbral y Delibes, de Ana María Navales (50), Parábola de un náufrago, de Luis A. Díez (51) (ver también 30, 24 y 22), Conversaciones con César Alonso de los Ríos (53), Viejas historias de Castilla la Vieja, de Hernán Rodríguez Castelo (55), Trabajo sobre su obra, de Juan Luis Guereña (56), Con la escopeta al hombro (58) (ver también 38), Parábola de un náufrago, de Ramiro Reig (59) (ver también 51, 30, 24 y 22), Con la escopeta al hombro, de Américo Castro (60) (ver también 58 y 38), La novelística española de los 60, de J. A. Hernández y E, Guillermo (62), Sobre la evolución de su forma, deAlfonso Rey Álvarez (64), Las ratas en USA (67), Los personajes de sus novelas, de Honesto Suárez de Vega (70), La técnica de la caracterización en Miguel Delibes, de Ramona Trullols (73) (ver también 9).

3. Entre las semblanzas de escritores realizadas por Delibes, sobresalen las siguientes:
Francisco Antón (hecha el 23 de junio de 1970). A raíz de la muerte de este buen amigo suyo, Delibes dice de Paco Antón que era un “gran escritor y experto en arte (…) Armonizaba la inteligencia con la modestia (…) Zamorano de nacimiento, fue en su juventud amigo de Unamuno, con quien mantuvo copiosa correspondencia. Después de muchos tira y afloja conseguí publicar estas cartas en el “Norte de Castilla” (…) La prosa de Antón era rica, tersa y matizada”.
François Mauriac (1 de septiembre de 1970). La muerte del escritor francés le afecta mucho aunque es una noticia que ya esperaba. “Estos grandes cerebros cristianos estimulan mi fe. No importa que la lectura de Mauriac, cuyas novelas, tal vez por seguir el consejo de Gide, su contradictor (“es con los buenos sentimientos con los que se hace mala literatura”), estaban cargadas de pecado, me desconcertara. Me bastaba su fe. En uno de sus libros más íntimos afirma que a menudo le producía repugnancia acercarse a comulgar junto a ciertas personas. Yo he notado a veces la misma sensación, tan poco cristiana. Tenía un gran talento, Mauriac, aunque el momento no sea muy propicio para reconocerlo.”
 P. Martín Descalzo (18), Vizcaíno Casas (32), Ana María Matute (33), Solzhennitsyn (35), Jesús Fernández Santos (39), Jiménez Lozano (42), Buero Vallejo (45), Sánchez Silva (47), Jorge Luis Borges (52), Gloria Fuertes (61), Vargas Llosa (69), Rosa Chacel (72).

4. Entre las conferencias y opiniones ajenas y del propio Delibes sobre la narrativa, descuellan las siguientes:
“Novela de la posguerra civil” y “Aportación española a la nueva narrativa” (14 de agosto de 1970). Son dos charlas que dio Delibes en el Curso de Extranjeros, de Valladolid. Dice que los asistentes, de edades y procedencias diferentes, parecían interesados.
Aportación española a la narrativa mundial en los últimos decenios (18 de agosto de 1970), tema del que habló también en el Curso de Extranjeros, éste de Burgos. En la charla contrapuso la opinión del hispanista italiano Carlo Bo a la de Ramón Buckley. El primero había dicho que “la nueva novela española no merecía un comentario porque sus tentativas de exploración en la narrativa de vanguardia eran prácticamente nulas. Tal afirmación (…) equivaldría a prescindir de Moravia, Bellow, Böll, etc., al valorar la novela actual”.
El Boom de la novela hispanoamericana (24 de agosto de 1970). A petición de Tola, estudioso peruano, Delibes opina sobre el “boom” de la novela hispanoamericana y la situación de la española, aunque lo hace ante el micrófono de un magnetófono, aparato que detesta (de ahí que lo que dijo ante el micrófono lo haya tenido que rehacer por escrito). “Lo del “boom” es muy complejo y muy confuso. Dentro del “boom” hay unos señores como Vargas Llosa, Márquez y Rulfo que me gustan mucho y otros que no me gustan nada, que son meros retóricos en busca de la eufonía. Para mí la novela no es la eufonía. Pero esto se dice en dos palabras y yo he tenido que llenar diecisiete folios. Hablamos demasiado.”
 El novelista crítico de su tiempo y profeta de los venideros, de Vintila Horia (25), Reunión de novelistas portugueses y españoles (31), La novela en Hispanoameérica, Undurraga (68)...
(Continuará)