sábado, 13 de abril de 2013

CURSO DE LITERATURA CONTEMPORÁNEA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA (1)


LA LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
TEXTOS DE INTRODUCCIÓN

 

"Magnífica definición la que Antonio Machado dio de la poesía --más mirando a la suya que a la ajena--: "Lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta al contacto del mundo." Precisamente lo que hizo que él se apartara en seguida de Rubén fue creer que éste buscaba nada más el colorido, la sensación, la sonoridad, el tema exótico, cuando él creía nada más que "en la honda palpitación del espíritu", desnuda en la más desnuda expresividad (...). Y él lo confiesa: "Me siento algo en desacuerdo con los poetas del día. Ellos propenden a una destemporalización de la lírica, no sólo por el desuso de los artificios del ritmo sino, sobre todo, por el empleo de las imágenes en función más conceptual que emotiva."

                                        (Nota preliminar firmada por F. S. M. a
                                        Poesías escogidas de A.    Machado, Aguilar, Madrid, 1958)

 

"Eran jóvenes que irrumpieron en el mundo literario español(...) con una proclamada conciencia innovadora y con un gran bagaje intelectual que no procedía sólo de la pasión autodidacta por la lectura sino también de la formación recibida en las aulas universitarias y del contacto con los círculos culturalmente más dinámicos del momento. Familiarizados con los clásicos españoles, tan valorados por noventayochistas e institucionistas, y con la poesía del "Fin de siglo" francés, realzada por la obra de Juan Ramón Jiménez, padre espiritual de todos ellos, muchos de estos jóvenes llegarán a ser también verdaderos profesionales de la docencia y de la crítica literaria. Tal es el caso de los llamados "poetas-profesores", entre los que se cuentan, entre otros, Salinas, Guillén, Dámaso Alonso y Gerardo Diego."             
                           

                                R. Reyes Cano (Sevilla en la Generación del 27)

 

 "En cuanto a las promociones que han ido sucediéndose, cabría distinguir la que aparecía alrededor de 1935, es decir, poco antes de la guerra civil, alcanza su madurez en la década siguiente, y la que hacia 1945, o sea, al fin de la guerra mundial, acusa el influjo de la atroz crisis espiritual del momento, para evolucionar más tarde hacia lo que constituirá la nota más significativa de una tercera promoción en la década de 1950: el afán de realismo y el interés por el destino de la colectividad. Generalizando mucho, podríamos asignar un tono de serena confianza a la primera, de sombrío desasosiego a la segunda, y de áspera protesta, matizada de esperanza, a la tercera."

                                           J. García López (Historia de la Literatura)






 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
GENERACIÓN DEL 98 Y  MODERNISMO (1)
 
La Generación del 98 está formada por un grupo de escritores intelectuales nacidos entre 1860 y 1875 que tienen en común preocupaciones filosóficas, éticas y literarias cuya aspiración máxima es lograr la regeneración de España, y sienten profundamente la crisis nacional producida por el desastre del 98 en el que se perdieron las colonias de Ultramar. Adoptan como sistema de pensamiento el existencialismo y lo que éste conlleva: la angustia vital, la intuición o la voluntad de vivir y en el plano literario reaccionan contra el realismo y  naturalismo anteriores. Entre sus máximos representantes destacan Antonio Machado, Miguel de Unamuno o Pío Baroja.
El Modernismo, que es tanto una actitud de vida como un movimiento literario, representa una reacción contra el prosaísmo del mundo burgués, y sus miembros, cuyo mayor exponente es Rubén Darío, proponen como postulado esencial la exaltación de la belleza.
Siguiendo a Pedro Salinas, la Generación del 98 es un movimiento sobre todo español, analiza la realidad nacional y escribe una literatura de la vida preferentemente. Mientras que el Modernismo es cosmopolita, sintetiza elementos románticos, simbolistas y parnasianos y rinde culto al arte y los sentidos.
Los escritores de la Generación del 98 cultivan prácticamente todos los géneros literarios, desde el ensayo hasta la poesía, pasando por la novela y el teatro. Mientras que los representantes del Modernismo se inclinan por el cultivo de una poesía llena de musicalidad, elementos sensoriales, escapismo hacia lugares exóticos o referencias mitológicas


 
 
 
Miguel de Unamuno (1864-1936) nació en Bilbao. Estudió Filosofía y Letras en Madrid. Fue catedrático de Griego y rector de la Universidad de Salamanca, ciudad donde residió hasta su muerte. Por sus ideas políticas fue desterrado a Fuerteventura por la Dictadura de Primo de Rivera. Recorrió España de cabo a rabo y viajó también por Italia, Suiza y Portugal.
 
Fue un gran poeta  como demostró, por ejemplo, con El Cristo de Velázquez y destacó también en la novela, entre cuyos ejemplos más importantes sobresalen San Manuel Bueno, mártir, que narra el problema de fe que tiene un cura de pueblo al que sus feligreses consideran un santo, o Niebla, a la que llamó el autor “nivola” y cuyo protagonista Augusto Pérez es el otro yo de Unamuno, el cual, ante la angustia que le produce saber que el novelista ha decido darle muerte, se rebela contra él y le dice:
“Pues bien, mi señor creador don Miguel, también usted se morirá, también usted, y se               volverá a la nada de la que salió. ¡Dios dejará de soñarle! Se morirá usted, sí, se morirá aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos, sin dejar uno. ¡Entes de ficción como yo, lo mismo que yo.”
Asimismo escribió un teatro esquemático y esencial (Fedra) y numerosos libros de ensayos en los que expresa con profundidad sus ideas sobre la raza, la inmortalidad, el sentimiento trágico de la vida o la existencia de Dios. Y también sus impresiones sobre el paisaje castellano intemporal (Andanzas y visiones españolas), artículos de crítica literaria (Vida de Don Quijote y Sancho), o  puramente filosóficos, como en La agonía del cristianismo..
 
Su estilo es fuerte, atrevido, lírico a veces, áspero otras, dramático en ocasiones, pero siempre llamativo, un estilo de los que no caen en saco roto. Además su expresión está llena de paradojas, ironías, con resonancias etimológicas y palabras terruñeras, castizas.


 
José Martínez Ruiz “Azorín” (1874-1967) nació en Monóvar (Alicante). Cursó Derecho en Valencia, Granada y Salamanca. Se trasladó a Madrid, donde  trabajó de periodista.. Fue miembro de la R.A.E. y al llegar la guerra civil se marchó a  Francia. Transcurrida la contienda, regresó a Madrid, donde permanecería hasta su muerte.
 
Hizo incursiones en la novela ( por ejemplo, La voluntad), el teatro de tipo fantástico (caso de Brandy, mucho brandy) y el ensayo, género en el que destacó con obras como Castilla, donde presenta temas comunes a otros compañeros de la Generación del 98, como la relación España-Europa, la idea de intrahistoria,  la del eterno retorno o la del paso inexorable del tiempo, que lo destruye todo. O La ruta del don Quijote, en la que el autor explica sus viajes por la Mancha, visitando en especial los lugares que sirven de marco a la obra de Cervantes.
 
 
Antonio Machado (1875-1939) nació en Sevilla. Estudió en Madrid en la Institución Libre de Enseñanza. Viajó a París, donde conoció a Rubén Darío. Fue catedrático de francés en Soria; allí conoció a Leonor Izquierdo y se casó con ella; pero la muerte de su esposa sumió al poeta en un dolor profundo. Luego enseñó en Baeza, Segovia y Madrid. Republicano, al estallar la guerra civil, huyó a Valencia, después a Barcelona y, finalmente, a Collioure, donde murió a poco de llegar.
 
Escribió abundante obra en prosa, de la que destaca Juan de Mairena, que trata temas de carácter literario y filosófico. También, en colaboración con su hermano Manuel, escribió teatro, uno de cuyos títulos más representativos es: La Lola se va a los puertos, donde su protagonista, una agraciada bailaora, representa el alma popular española, eligiendo como marido a su guitarrista en vez de los señoritos que la cortejaban.
Pero es en la poesía donde se consagró. Su primer libro, Soledades, contiene rasgos modernistas, así como el simbolismo del paso del tiempo, el amor, el agua, la tarde o los caminos..., que se repetirán después. En muchos de sus poemas aparecen la tristeza, la monotonía o el canto de lo cotidiano y de las pequeñas cosas, que son motivos constantes en su poesía.
Después apareció Campos de Castilla, su mejor obra, en la que se muestra, como sus compañeros de Generación, preocupado por el tema de España,  a la vez que canta el paisaje castellano, como en el apartado Campos de Soria o expresa su experiencia amorosa con Leonor, su joven esposa, que moriría al poco tiempo de casarse.
El siguiente libro, Nuevas canciones, expresa, adoptando las formas breves de la lírica tradicional española, los más profundos pensamientos con la menor sonoridad posible: temores, deseos, sentencias y reflexiones sobre la existencia humana.
Cierran su producción poética un Cancionero apócrifo, del poeta filósofo Abel Martín inventado por él, y Poesías de guerra, entre las que destaca la emotiva elegía al asesinato del poeta Federico García Lorca.
Más que los temas (el paso del tiempo, los recuerdos personales, el amor, el paisaje castellano, España...) lo que importa en Machado es la emoción profunda y austera que impregna su expresión. Sus versos, sentidos y sobrios, son muchos asonantados y octosílabos, aunque también emplea las combinaciones de heptasílabos y endecasílabos, los endecasílabos de sus sonetos y en ocasiones los alejandrinos. Además de los citados sonetos, sus estrofas más corrientes son las coplas, los romances y las silvas arromanzadas. Mucha de la poesía contemporánea española se siente hereditaria de la de Antonio Machado por su austera y sincera humildad y sencillez de forma métrica.


 
 


 
Lecturas y actividades
 
1. Lee los siguientes fragmentos de Unamuno (perteneciente a Andanzas y visiones españolas) y Azorín (incluido en Castilla), y contesta las preguntas:


 

1.
“Y esta torre y otras torres nos meten al ánimo el ansia tormentosa de decir lo indecible, de dejar en la alada palabra que vuela sonora, y pasa, y se pierde, lo que no pasa ni se pierde: la visión que queda. Decir lo que se ve y decirlo de modo que se vea oyéndolo; ver lo que se oye: he aquí todo el secreto del Arte. El Arte hace ver a los ciegos –y lo son muchos que espejan con los ojos en la mente lo que tienen delante--, y les hace ver con la palabra; el Arte hace oír a los sordos –y lo son muchos que resuenan con los oídos lo que les suena en su derredor--, y les hace oír con la visión reproducida. Un poema da vista al ciego; un cuadro da oído al sordo. El Arte funde los sentidos, descendiendo a lo que los une a su común cimiento, y ascendiendo a lo que los une también coronándolos.
Mi torre de Monterrey (...), la que llevo en el cristal de la mente como una visión que, espejada en un lago, al cristalizarse éste, quédase por encantada magia en él para siempre, esta mi torre me dice que quien se dice queda para siempre también. No te importe, alma mía, lo que digas si te dices. ¿Es que eres más que una frase del pensamiento de Dios?”
 
2.
“¿Qué es Castilla? ¿Qué nos dice Castilla? Castilla: una larga tapia blanca que en los aledaños del pueblo forma el corral de un viejo caserón; hay una puerta desmesurada. ¿Va a salir por ella un caballero amojamado, alto, con barbilla puntiaguda y ojos hundidos y ensoñadores? Los sembrados se extienden verdes hacia lo lejos y se pierden en el horizonte azul. Canta una alondra; baja su canto hasta el caballero, y es como un himno --¡tan sutil!—del amor y de lo fugaz. Castilla: el cuartito en que murió Quevedo, allá en Villanueva de los Infantes; una vieja, vestida de negro, nos lo enseña y suspira.  Pensamos si suspira todavía. Todavía, porque ésta es la misma viejecita que tenía piadosamente una vela encendida en tanto que a don Francisco le estaban poniendo en pies y manos los sagrados aceites. Castilla: en León, en un mediodía de primavera, hemos dejado la ciudad y hemos salido al campo, y ya en el campo, caminando por este camino bordeado de enhiestos chopos –cuyas hojas tembletean—nos hemos detenido y nos hemos sentado en una piedra. ¡Minutos de serenidad inefable, en que la historia se conjunta con la radiante Naturaleza! A lo lejos se destacan las torres de la catedral; una campana suena; torna el silencio. Los siglos han creado todas esas maravillas artísticas; ante nosotros, átomos en la eternidad, se abren arcanos e insondables los tiempos venideros. ¿Qué hombre estará sentado en esta piedra, aspirando la paz y la luminosidad de la mañana, dentro de trescientos, de quinientos años? ”
 
 
a)                 ¿En cuántas partes puede dividirse el texto de Unamuno? Anota la idea principal de cada una de ellas.
b)                ¿En qué reside el secreto del Arte y cuáles son sus poderes?
c)                 ¿Cuál es la verdadera torre de Monterrey para Unamuno, la real y física o la ideal?
d)                ¿Qué afinidad existe entre la última oración del fragmento y las palabras que le dirige Augusto Pérez a Unamuno en Niebla?
e)                 Resume brevemente el contenido del texto de “Azorín”
f)                 En dicho texto aparecen dos referencias literarias. Coméntalas.
g)                Explica las metáforas con que el autor identifica a Castilla.
h)                Comenta la persona y el punto de vista de los narradores de los dos textos.



       
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 TEXTO COMENTADO
        POEMA DE ANTONIO MACHADO
 


"¿Por qué, decidme, hacia los altos llanos
huye mi corazón de esta ribera,
y en tierra labradora y marinera
suspiro por los yermos castellanos?
Nadie elige su amor. Llevóme un día    5
mi destino a los grises calvijares
donde ahuyenta al caer la nieve fría
las sombras de los muertos encinares.
De aquel trozo de España, alto y roquero,
hoy traigo a ti, Guadalquivir florido,    10
una mata del áspero romero.
Mi corazón está donde ha nacido,
no a la vida, al amor, cerca del Duero...
¡El muro blanco y el ciprés erguido!"
 


 

SITUACIÓN

Antonio Machado en Campos de Castilla incorpora los tres grandes temas de la Generación del 98: la preocupación histórica, el paisaje y el amor. Aquí aparecen los dos paisajes del poeta: el de su tierra natal, Andalucía, y el de Soria, donde se enamoró. El texto es el segundo soneto del grupo titulado Los sueños dialogados .

 

 

CONTENIDO

El poeta añora la meseta castellana en su tierra natal. El destino un día lo llevó a Soria para sentir el amor como nunca. De ahí que lleve a su Guadalquivir florido una mata de romero de las tierras sorianas. Confiesa que su corazón está donde conoció a su mujer y donde yacen sus restos. El contenido queda distribuido así: en la 1ª estrofa el poeta añora en su tierra natal los yermos castellanos; en la 2ª, el destino le lleva un día a enamorarse allí; en la 3ª, el poeta trae al Guadalquivir florido una mata de romero soriano; y en la 4ª, su corazón se encuentra donde conoció el amor y lo perdió.

 

  ANÁLISIS

Es un soneto poco común (cuarteto, serventesio, terceto, terceto); así que su esquema métrico es 11A 11B  11B  11A;  11C 11D 11C 11D; 11E 11F 11E;  11F 11E 11F. Los encabalgamientos se dan en los ocho primeros versos (el serventesio todo él es un encabalgamiento). Respecto de los recursos expresivos más destacables, el cuarteto constituye una interrogación retórica (afirma que su corazón huye de su tierra natal a la desnuda meseta castellana). El "huye" intensifica su nostalgia y constituye una personificación ("huye mi corazón"). En "Nadie elige su amor" el amor es una metáfora del destino.  Con sendas perífrasis se alude a los dos paisajes queridos por el poeta (Andalucía: esta ribera, tierra labradora y marinera; Soria: altos llanos, yermos castellanos, grises calvijares, nieve fría, encinares, aquel trozo de España alto y roquero...). En los tercetos leemos por fin  los nombres de los ríos de ambos paisajes. Léxico de Machado: altos llanos, mi corazón, tierra labradora, grises calvijares, nieve fría, sombras, muertos encinares, romero...; en "Mi corazón está donde ha nacido, no a la vida, al amor, cerca del Duero" se resume el tema y la afirmación-negación es un prodigio de asíndeton. Finalmente, los puntos suspensivos del verso 13 preparan la emoción expresada en el último verso, "¡El muro blanco y el ciprés erguido!", sentida metáfora que alude al cementerio soriano donde yace su joven esposa Leonor.

 

CONCLUSIÓN

Se trata, en resumen, de un soneto donde expresa Machado su amor por las tierras sorianas donde, ya mayor,  nació al amor y a la vida al conocer a la mujer que sería su esposa en una tierra y un paisaje, el de la meseta regada por el Duero, que siempre estaría presente en su poesía, pese a que allí también sufriera la terrible desaparición de su mujer. El amor y el paisaje, dos temas del  98, aparecen, pues en el poema que acabamos de analizar.


sábado, 26 de enero de 2013

TRATADO DEL POEMA



 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Estamos de acuerdo con el poeta francés Alfons de Lamartine (1790- 1869) cuando dice que un poema, para ser considerado así, debe contener los siguientes elementos:

-          una idea para la inteligencia,

-          un sentimiento para el corazón,

-          una imagen para la vista,

-          una música para el oído.

 

Examinemos cuatro ejemplos extraídos de nuestra historia poética para explicar sendos elementos del poema:

 

- una idea para la inteligencia:

El primer ejemplo es la estrofa que emplea como estribillo el poeta romántico español José de Espronceda (1808-1842) en su famosa Canción del pirata, que todos aprendimos una vez de pequeños:

 

“Que es mi barco mi tesoro,

que es mi Dios la libertad,

mi ley la fuerza del viento,

mi única patria la mar.”

 

El pirata, personaje que canta la canción en la popa de su bajel El temido, expresa en estos cuatro octosílabos, que forman una estrofa llamada copla, su concepción de la vida, resumida en estas cuatro identidades:

barco= tesoro

libertad= Dios

la fuerza y el viento= ley

mar= patria

La idea de la independencia que tiene el pirata, un proscrito de la ley que vive al margen de las convenciones sociales y políticas no puede expresarse con mejor exactitud y eficacia. La libertad completa es para él lo que Dios para los cristianos. Con eso queda todo dicho.

De ahí que podamos decir que cuatro meros versos con una idea expuesta así tendrían solvencia probada para constituir un poema.

Se da la circunstancia de que en este caso estos cuatro versos están incluidos en un poema de altos vuelos como el estribillo que insiste en la forma de ser del personaje central, como queda dicho.

 

-          un sentimiento para el corazón:

El segundo ejemplo lo forman los ocho primeros versos, hexasílabos por más señas y con rima asonante en los pares, de la Rima LXXIII de Bécquer (1836- 1870):

 

“Cerraron sus ojos,

que aún tenía abiertos;

taparon su cara

con un blanco lienzo,

y unos sollozando,

y otros en silencio,

de la triste alcoba

todos se salieron.”

 

En dichos versos el poeta describe la escena dolorosa en que, unas indeterminadas personas (de ahí el empleo continuado de la tercera persona del plural que expresa impersonalidad), tras cerrar los ojos a un muerto y cubrir su cara, lo dejan solo en la habitación entre llantos y silencio. El sentimiento que desprende la situación no puede ser más afligida, hasta la alcoba donde tiene lugar esa escena aparece precedida del adjetivo triste. Y más cuando avanzamos en la lectura de la rima y descubrimos que el muerto es una niña. Al sentimiento de tristeza se le añade otro sentimiento igualmente doloroso: el de la soledad. No en vano, a lo largo de la composición poética se va repitiendo este estribillo:

“¡Dios mío, qué solos

Se quedan los muertos!”

(Aconsejamos que se lea entera la Rima, que bien puede catalogarse como un buen poema, ya que contiene con creces los cuatro elementos de que estamos hablando, y alguno más que trataremos más adelante.)

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
- una imagen para la vista

El tercer ejemplo lo forma la primera estrofa que José Zorrilla (1817- 1893), otro poeta y dramaturgo romántico escribió en su poema titulado Las nubes, un excelente serventesio formado por cuatro versos alejandrinos (de catorce sílabas), con rima consonante alterna (esquema estrófico 14A 14B 14A 14B):

 

“¿Qué quieren esas nubes que con furor se agrupan

del aire transparente por la región azul?

¿Qué quieren cuando el paso de su vacío ocupan

del cenit suspendiendo su tenebroso tul?”

 

Nada más leer los dos primeros versos, vemos en la imaginación lo que pasa allá arriba en el cielo azul y notamos la violencia con que las nubes se agolpan (con furor se agrupan) unas con otras y amenazan cubrir la transparencia del aire. Amenaza que se cumple en los dos versos siguientes, cuando realmente acaban ocupando el espacio con sus ropajes oscuros (tenebroso tul). La visión de esas nubes descritas por el poeta en esos versos recrean en nuestra mente lo que se llama en poesía imagen.

 

-          una música para el oído.

El cuarto ejemplo es un epigrama (composición poética breve que expresa de forma ingeniosa un pensamiento satírico) de Juan de Iriarte (1702- 1771):

 

“A la abeja semejante,

para que cause placer,

el epigrama ha de ser

pequeño, dulce y punzante.”

La música es inherente al buen poema y es perceptible especialmente en dos aspectos: el ritmo, que es la distribución de los acentos tonales a lo largo del verso, y la rima, que es la coincidencia de sonidos al final de los versos a partir de la última vocal acentuada.

Veamos ambos aspectos en los siguientes versos de Juan Bautista Arriaza (1770- 1837):

“Adiós, pobre pescador;

adiós, red; adiós, barquilla;

que ya no hay en esta orilla

sino vasallos de amor.”

En negrita aparecen señalados los acentos de los versos (sílabas 2ª, 3ª y 7ª en los tres primeros versos; 4ª y 7ª en el cuarto versos), y subrayadas las rimas consonantes (-or en los versos 1º y 4º, e –illa en los versos 2º y 3º). De este modo, el ritmo y la rima empleados por Arriaza en estos versos, los convierte en altamente musicales o eufónicos.

Si los versos no son eufónicos o musicales se confunden fácilmente con la ramplonería de la prosa que empleamos para hablar diariamente. ¿Y cómo se consigue que los versos sean eufónicos, musicales? Nos llevaría tiempo explicarlo, y no disponemos de mucho en estas breves anotaciones. Baste decir que con la práctica y la lectura de buenos versos nos podemos acercar bastante a lograr que nuestros versos suenen bien. Examinemos los cuatro versos  de Iriarte:

“A la abeja semejante,

para que cause placer,

el epigrama ha de ser

pequeño, dulce y punzante.”

Ritmo: primer verso: acentos en las sílabas 3ª y 7ª sílabas; segundo y tercer versos: acentos en las sílabas 4ª y 7ª sílabas; cuarto verso: acentos en las sílabas 2ª, 4ª y 7ª (los acentos que más se repiten son los de las sílabas 4ª y 7ª).

Rima: consonante (-ante al final de los versos 1º y 4º y –er en los versos 2º y 3º.

La música es, finalmente, perceptible en el poema mediante la repetición de palabras y versos a lo largo de la composición estratégicamente colocados unas y otros. Cuando las palabras se repiten al principio de los versos, dan lugar a figuras literarias llamadas anáforas, paralelismos…

Por ejemplo, en la siguiente Rima del ya citado Bécquer

Por una mirada, un mundo;

por una sonrisa, un cielo;

por un beso… yo no sé

qué te diera por un beso”,

descubrimos al principio de los tres primeros versos una anáfora en la repetición de la preposición por.


         
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En cuanto al paralelismo, que es la repetición, en dos o más versos seguidos, de una serie de palabras que forman frases, sirva de ejemplo el señalado con negritas en los tres versos siguientes del poeta español Blas de Otero (1916- 1979):

Pero la muerte, desde dentro, ve.

Pero la muerte, desde dentro, vela.

Pero la muerte, desde dentro, mata.”

Y cuando son, finalmente, varios versos los que se repiten a lo largo del poema intercalados en varias estrofas reciben el nombre de estribillos, que ya hemos visto en estas apresuradas anotaciones.

 

Examinemos, a modo de conclusión de este primer apartado, en un poema completo los cuatro elementos citados que, según Lamartine, hacen que un poema sea altamente aceptable: una idea para la inteligencia, un sentimiento para el corazón, una imagen para la vista y una música para el oído.

 

VERSOS SENCILLOS,  del poeta cubano José Martí (1853- 1895)

 

“Si ves un monte de espumas,

es mi verso lo que ves:

mi verso es un monte, y es

un abanico de plumas.

Mi verso es como un puñal                5

que por el puño echa flor:

mi verso es un surtidor

que da un agua de coral.

Mi verso es de un verde claro

y de un carmín encendido;               10

mi verso es un ciervo herido

que busca en el monte amparo.

Mi verso al valiente agrada;

mi verso, breve y sincero,

es del vigor del acero                        15

con que se funde la espada.”

 

-una idea para la inteligencia

La idea que domina en el poema es la múltiple definición que el propio poeta da de su verso: un monte, un abanico de plumas (versos 2 y 3), un puñal (v. 5), un surtidor (v. 7), de un verde claro (v. 9), de un carmín encendido (v. 10), un ciervo herido (v. 11), agrada al valiente (v.13), es del vigor del acero (v.15)). Como si quisiera decirnos que su poesía lo abarca todo, desde lo material a lo espiritual. Es la idea aportada por tantos poetas, según la cual en la poesía no sobra nada si el contenido se sabe vestir con el arte bello de la palabra. Otras ideas, no menos principales, presentes en el poema que nos ocupa son: las características fundamentales de este tipo de poesía: brevedad, sinceridad y fuerza (versos 14 y 15). Aporta esperanza y pasión (versos 9 y 10). Presenta a la vez agresividad y suavidad o ternura (versos 5 y 6), lo más grande y poderoso y lo más pequeño y débil (versos 1 a 4), etcétera. En resumen, el poema está sustentado, antes que nada, por abundancia de contenido en torno a la definición que da Martí de su propia poesía.

 

-un sentimiento para el corazón.

Apoyándonos en lo expuesto más arriba, el poema presenta un abanico de sentimientos, que abarca desde la generosidad a la participación, pasando por la sinceridad, la pasión, la esperanza, el amor, la ternura, la soledad, la valentía, el miedo, la ayuda…

 

-una imagen para la vista.

El mundo visual tiene gran presencia en el poema; en realidad, la mayoría de las definiciones que efectúa el poeta de su verso se basan en imágenes que tienen que ver con la naturaleza y los objetos, y en menor grado con abstracciones espirituales. Ejemplos de las primeras: monte de espumas, abanico de plumas, puñal, flor (por cierto, la imagen que resulta de combinar los significados contrarios de estas dos palabras, puñal y flor, es de lo más eficaz para explicar el poder de la poesía: “mi verso es como un puñal / que por el puño echa flor”), surtidor, coral (se da el mismo caso: “Mi verso es un surtidor / que da un agua de coral”, salvo el que en el caso anterior la imagen se resuelve con una comparación y en éste con una metáfora)… Ejemplos de abstracciones espirituales: vulnerabilidad (“ciervo herido”), amparo, valentía, agrado, sinceridad, fuerza (“es del vigor del acero / con que se funde una espada”), esperanza (“es de un verde claro”), pasión (“y de un carmín encendido”)…

 

-una música para el oído.

Ritmo y rima: el poema está compuesto de cuatro redondillas, estrofas de cuatro versos octosílabos que riman consonantemente el primero con el cuarto y el segundo con el tercero. Y este esquema se repite cuatro veces (espumas, ves, es, plumas; puñal, flor, surtidor, coral; etcétera) a lo largo del poema. En cuanto al ritmo, la distribución de los acentos en los versos del poema es variada, aunque dominan los acentos en las sílabas 2ª, 4ª y 7ª (“si ves un monte de espumas”).

La eufonía o la música, que ya de por sí se obtiene de la combinación del ritmo y la rima, en el poema presente se basa además en otros aspectos, el más importante de los cuales es la repetición de las palabras clave del poema: mi verso es (hasta ocho veces: versos 2º, 3º, 5º, 7º, 9º, 11º, 13º y 14º). Y forman la mayoría de las veces anáfora y son el principio de alguna comparación (como un puñal) y un buen número de metáforas (un monte de espumas, un abanico de plumas, un surtidor…)
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Antes de seguir adelante con estas rápidas anotaciones, conviene fijarnos en un detalle importante: en la poesía actual, muchas veces se prescinde de la rima, pero aún así, los versos, que en este caso reciben el nombre de blancos, guardan celosamente su eufonía mediante el ritmo, y forman, por ello, buenos poemas. Para demostrar lo que decimos, proponemos un ejemplo perteneciente a un poeta del siglo XX, Claudio Rodríguez (1938- 1999). Se trata de un fragmento extraído del Canto del despertar, del primero de sus libros, Don de la ebriedad (Premio Adonais, 1953), escrito todo él en endecasílabos, muchos de ellos blancos:

“El primer surco de hoy será mi cuerpo.

Cuando la luz impulsa desde arriba,

despierta los oráculos del sueño

y me camina, y antes que al paisaje

va dándome figura. Así otra nueva                     5

mañana. Así otra vez y antes que nadie,

aún que la brisa menos decidera,

sintiéndome vivir, solo, a luz limpia.

Pero algún gesto hago, alguna vara

mágica tengo porque, ved, de pronto                   10

los seres amanecen, me señalan.

Soy inocente. ¡Cómo se une todo

y en simples movimientos hasta el límite,

sí, para mi castigo: la soltura

del álamo a cualquier mirada! Puertas                  15

con vellones de niebla por dinteles

se abren allí, pasando aquella cima.

¿Qué más sencillo que ese cabeceo

de los sembrados? ¿Qué más persuasivo

que el heno al germinar? No toco nada.                20

No me lavo en la tierra como el pájaro.”

 

En los presentes versos podemos observar perfectamente cumplidos los cuatro elementos de Lamartine:

 

-una idea para la inteligencia

El poeta asiste de lleno a esa hora mágica del amanecer en que la naturaleza, el campo, el paisaje despierta. Hasta él mismo se considera parte del campo: “el primer surco de hoy será mi cuerpo” (verso, dicho sea de paso, que figura en su tumba zamorana). El poeta parece poseer una varita mágica, a cuyo efecto los seres amanecen y cobran vida: los movimientos plateados de los álamos, los jirones de niebla desplazándose, el cabeceo de los sembrados, el germinar del heno…

 

-un sentimiento para el corazón

El poeta experimenta la sensación de comulgar con el despertar del campo mientras camina por él. A esta sensación tan especial la acompaña el entusiasmo, la alegría de ser único en esa contemplación; de ahí sus ganas de cantar el momento, irrepetible y limpio. Y la inocencia.

 

-una imagen para la vista

Guiados por el poeta vemos en nuestro interior lo que él “ve” en el momento de crear el poema cómo la luz abriéndose paso desde el cielo antes de llegar al paisaje, que permanece aún en la sombra. Después van cobrando a la vista forma y movimiento los álamos, la niebla, el cabeceo de los sembrados, el germinar del heno…

 

-una música para el oído

Música, eufonía que ya poseen en sí los endecasílabos del poema con sus acentos distribuidos, sobre todo, en las sílabas 4ª, 6ª y 10ª (“El primer surco de hoy será mi cuerpo”, “Cuando la luz impulsa desde arriba”, “y me camina, y antes que al paisaje”, “se abren allí, pasando aquella cima”, “¿Qué más sencillo que ese cabeceo…”, etcétera. Música lograda también con los suaves y constantes encabalgamientos (hasta cuatro versos: 3, 4, 5 y 6; 14, 15, 16 y 17), repeticiones de palabras de la misma categoría gramatical (“Así otra nueva / mañana…” “Así otra vez…”; “¿Qué más sencillo…” “¿Qué más persuasivo…”; “No toco nada…” “No me lavo…”

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Para cerrar este apartado, añadimos tres poemas que se ajustan a los postulados de Lamartine:

-una idea para la inteligencia

-un sentimiento para el corazón

-una imagen para la vista

-una música para el oído.

 

 

1. Rima LXVI, de Gustavo Adolfo Bécquer

 

“¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones                   5
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,                                            10
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,                                         15
allí estará mi tumba.

 

Ideas para la inteligencia:

Tanto la cuna como la tumba del poeta están envueltas de tristeza, penalidades, dolores, soledad, olvido.

Sentimientos para el corazón:

Desolación, amargura, pesimismo del poeta que, sin duda mueven a la compasión y ternura del lector.

 

Imágenes para la vista:

El camino que conduce a la cuna del poeta posee una atmósfera negativa, es ya “un sendero horrible y áspero”, donde se aprecian huellas ensangrentadas sobre la roca y jirones del alma enganchados en las zarzas. Y el camino que lleva a su tumba no es más halagüeño: hay que atravesar un páramo sombrío y triste y un valle de nieves y nieblas eternas y melancólicas, antes de llegar a una piedra olvidada y solitaria sin ninguna señal de que allí yace el poeta.

 

Música para el oído:

Las dos estrofas de la silva arromanzada que compone la Rima están conectadas por sendas interrogaciones sobre el destino humano (“¿De dónde vengo?” y “¿Adónde voy?”) Los ocho versos de cada una de ellas adoptan la misma medida de sílabas: 11, 7, 11, 7, 11, 7, 7, 7, 7. En cuanto al ritmo, presentan parecida distribución de acentos: los endecasílabos presentan, casi todos, el esquema del primero y noveno versos  (2ª, 6ª y 10ª sílabas): “¿De dónde vengo? El más horrible y áspero…” “¿Adónde voy? El más sombrío y triste…”; respecto de los heptasílabos, siguen estos dos esquemas: 3ª y 6ª sílabas (“en las zarzas agudas”, “te dirán el camino”, “que conduce a mi cuna”, “de los ramos cruza”…), y 4ª y 6ª sílabas ( “de los senderos busca”, “sin inscripción alguna”, “allí esta mi tumba”…) La rima, asonante en los versos pares (en –ú-a), sirve de ligazón en toda la Rima (busca, dura, agudas, cuna…). Finalmente, las enumeraciones de elementos físicos y naturales (senderos, huellas, rocas, despojos, zarzas, páramos, valle…) aportan también eufonía al poema.

Los cuatro requisitos que exigía Lamartine en todo buen poema se interrelacionan sabiamente entre sí en la Rima de Bécquer para crear un todo indivisible: el pesimismo que siente el poeta hacia los dos caminos de su destino se viste con este tipo de composición poética lograda con la modulada combinación de versos endecasílabos y heptasílabos, ritmo adecuado para tratar asuntos reflexivos y melancólicos, de confesión íntima, composición solemne y triste que requiere una atmósfera especial lograda con un léxico que hace referencia a un paisaje tenebroso y solitario, propio del Romanticismo, movimiento literario al que pertenece Gustavo Adolfo Bécquer.